OPINIÓN

Juan Pérez de Mungía: «La mafia de Davos»

Juan Pérez de Mungía: "La mafia de Davos"

En la decadencia de la cultura occidental concurren quienes podrían parecer enemigos y que, en realidad, son socios. La fauna es incomensurable, los amigos de Rusia, los defensores del terrorismo palestino y Hamás, los régimenes autocráticos y teocéntricos de Mohamed VI, Arabia Saudi e Irán, Kim Jong-un, y toda suerte de totalitarismos desde Modi, a Xi Jinping, pasando por Ortega, Diaz-Canel, Maduro, y Petro del grupo de Puebla, o Putin y Lukashenko, todos trabajan a favor de la agenda globalista que tiene como objetivo la destrucción de Europa. Mercadean con carne humana exportando migración a Europa, con la misma fruición que lo hacen con la pobreza, el asesinato y las bombas. No importa como vistan su régimen, el caso es que  se sirven de la singular indiferencia de los políticos de la alianza socialdemócrata y populista del Parlamento Europeo de la mano de Von der Leyen, cómplices del triste destino de Europa. Von der Leyen tiene que desaparecer. No hay mas que ver su agenda globalista, su política de fronteras abiertas, su doctrina del cambio climático, el multiculturalismo que dinamita el orden social, creando espacios públicos donde no rigen las leyes del Estado, su indiferencia a las costumbres bárbaras de la ablación, el velo y el matrimonio forzoso, que convierten a las mujeres en esclavas sexuales de los hombres de los que sobreviven y a los que sirven como vientres de alquiler, la indefensión aprendida de los inofensivos ciudadanos europeos que han transmutado la piedad en sumisión, y el indecible proceso de destrucción de conciencias y de cuerpos con la ideologia de género. Esta complicidad entre los burócratas de Bruselas, y los agentes que trabajan a favor de la extinción, no debiera sorprender si se examina la cultura de sus beneficiarios directos. ¿Quienes buscan activamente la decadencia de Europa como concepto y como pueblo?

Cualquiera que conozca esta secreta alianza entre criptocomunistas, socialistas y sus compañeros de viaje, los cómplices del Partido Popular Europeo, debe caer en la cuenta del modo en que trabaja la mafia de Davos y entre otros el magnate Soros y sus lacayos. Son los enemigos de la libertad de occidente, alimentando los monopolios multinacionales de toda ralea. Soros alimentó su fortuna traicionando su judaísmo de feria pactando con nazis, y mofándose de Karl Popper, vistiendo su sociedad como sociedad abierta como si fuera un filósofo del capital y un liberal ultramontano. Ha seguido el programa clásico de decir y hacer lo contrario de lo que su sociedad pretende predicar. Sánchez es un aprendiz, un turiferario de los poderosos. Lo sabe bien Soros, recibido en primer lugar en La Moncloa. Bajo esa pátina de defensor de la libertad, Soros vino a enriquecerse con la inestabilidad política de los pueblos con el mismo propósito del Foro de Davos, tan bien representado por Zapatero, cuando dijo aquello de que el caos favorece la causa socialista. El propósito de la mafia de Davos, de los magnates del tipo de Soros es la destrucción de la comunidad, el elemento de cohesión que puede oponerse a sus propósitos de control. Hay que hacer todo lo necesario para que el gran capital multinacional no esté sujeto a ningún poder superior, y así Europa se divide en Estados que mantienen políticas fiscales que generalizan la competencia fiscal desleal en detrimento de sus pueblos, con sistemas impositivos propios de paraísos fiscales como Luxemburgo, Irlanda o Paises Bajos, cumpliendo los designios de la Agenda 2030. Ningún poder puede ser mas fuerte que el que representan las multinacionales que escapan al fisco de paises y comunidades enteras.

La regla atribuida a Julio César, divide et impera, sigue vigente. Ganar y mantener el poder mediante la ruptura permanente de las alianzas, de las alianzas de poder mas amplias y extensas, fraccionar y dividir a los pueblos, enfrentando a unos con otros, es el instrumento que facilita el dominio en su aislada individualidad. Cualquier recurso vale para el todos contra todos. El respeto sagrado al islam forma parte de ese designio. Bajo la bandera de evitar la islamofobia trae la defensa del nazismo panarabe que aboga por la extinción absoluta de Europa bajo la bandera del yihadismo salafista. Ingenuos quienes suponen que solo pretender la extinción de Israel. Acostumbrado como está a imponer su agenda con la misma violencia que llevó a Mahoma de Medina a La Meca. La mafia de Davos lo estimula y lo favorece con la decadencia. No es el único recurso. Cualquiera puede darse cuenta de cuanto se parece a la agenda hitleriana, la esterilización masiva de la población con la prodigalidad hacia el extranjero y la propaganda animalista que contribuye a la extinción de la ciencia, la esterilización masiva promovida por la ideología de género, la progresiva legalización de los vientres de alquiler, la política proabortista de los paises europeos, la extensión de la eutanasia por problemas de salud mental de ciudadanos de cualquier edad, la drogadicción que permea la sociedad, el consumo desesperado de psicótropos, el irredento sacrificio de la individualidad a la propaganda y a las doctrinas falsas del arcaismo cultural, el retorno de las marcas que destruyen la identidad humana en tatuajes, perforaciones, y las cirugias transexuales y transhumanistas, la reversión absoluta de la naturalidad conducida por el hastío social y el desprecio a sí mismo, la confusión absoluta entre el ser y el parecer, y la conversión del parecer en el creer y querer ser. La agenda nazi finalmente implementada.

Fue un marxista analítico, Erik Olin Wright, quien advirtió frente a Marx que en la composición del capital intervienen los burócratas y gerentes usufructuarios de la riqueza ajena a través de su cualificación y su control de la gestión de las organizaciones sociales, incluido el Estado. Su poder se nutre de su posición jerárquica, de su naturaleza oligárquica, en tal grado, que someten a los propietarios del capital a la condición de explotados al detentar el control de la gestión. Cada ciudadano presta un servicio impagable a un capital monopolista que reniega del Estado participando en una lotería piramidal, un sistema Ponzi, donde cada cual entrega su patrimonio a un gestor que escapa a su control, como en el mercado de las criptomonedas o los sistema ruinosos de pensiones. Nadie vota a los burócratas de Bruselas y a los mafiosos de Davos que controlan la agenda globalista. Las leyes antimonopolistas americanas dieron oportunidad a las grandes multinacionales de imponer un control que no está sujeto a ninguna regulación del Estado, al contrario, le somete. Las mismas leyes que acabaron con la banca industrial y comercial alimentaron a las multinacionales que imponen sus precios. Nadie está en condiciones de poner el bozal a Google, a Microsoft, a Apple, a tantos. Mientras las entidades financieras dependen de una concesión del Estado para realizar su negocio, las grandes multinacionales imponen al Estado barreras arancelarias y una fiscalidad desleal contra aquellos pueblos que dominan, demasiado minúsculos, como Irlanda, Luxemburgo o Paises Bajos, las Islas Caimán y el Panamá europeos. La mafia calabresa, la mafia napolitana o siciliana necesitan un Estado débil. La mafia de Davos gestiona la destrucción del proyecto de una comunidad mundial que pueda oponersele. Acuden todos los socios a sus citas. No les importa el tiempo que haya que esperar cuando los Estados se embarcan en políticas de deuda que llevan a la descomposición del Estado bajo la batuta de organismos internacionales que controlan, el Banco Mundial o el FMI. Es el destino de la plata fácil de Menem y Kirchner, la deuda a futuro que vende la inestabilidad para sortear déficit presupuestarios, primarios. Es la política de Sanchez que alimenta nuestra ruina y nos deja a merced del capital multinacional y panarabe. Para España el turismo y la prostitución. ¿Viviremos de las migajas que caigan de la mesa del rico Epulón?

 

 

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