Este sábado 18 enero 2014 Arcadi Espada publica en El Mundo una de sus cartas a J. titulada ‘Lanzmann, el justo’ comenzando:
«Querido J.: Lanzmann ha estrenado su última película y, como comprenderás, me ha faltado tiempo. Mi interés por este hombre crece a cada paso. Su mezcla rara de potencia y sensibilidad. […] El azar ha hecho que coincidieran los estrenos de la película Hannah Arendt, de Von Trotta, y la de Lanzmann. Es un azar feliz y polémico.»
Añade:
«Lo más impresionante respecto a las acusaciones de que fue objeto Murmelstein sucede al final mismo de la película. Elegantemente, en tercera persona, pero sin vacilar y mientras pasean por lo que parecen ser las inmediaciones del foro romano, Lanzmann le pone la luz sobre los ojos:
– Gershom Scholem pensó y escribió que Murmelstein merecía ser colgado por el pueblo judío…
La respuesta de Murmelstein, fría, precisa, generosa, es la propia de un hombre que dice la verdad.
– Scholem fue un gran erudito. Hace 40 años, publiqué la Geschichte der Juden. Entonces aún se llamaba Gerhard Scholem. Y escribí en la introducción que la obra de Gerhard Scholem ofrecía una nueva visión de determinados aspectos de la historia judía. Y no he cambiado de opinión. Es un gran erudito.»
Y finaliza:
«La película de Lanzmann, grande y libre, es otra de sus largas y profundas zancadas en busca de la verdad. Su conclusión es demoledora y tajante, impropia de estos tiempos entre chien et loup. O se es un asesino o no se es. O se es Eichmann o se es Murmelstein.»
