VICTORIA LAFORA

«Una de las lacras actuales es que los «mano derecha» ascienden al poder en cuanto su jefe se va»

"Una de las lacras actuales es que los "mano derecha" ascienden al poder en cuanto su jefe se va"
Victoria Lafora.

Ya hay nuevos alcaldes en algunos de los pueblos de la Comunidad de Madrid donde la trama de Granados, la «Púnica», se llevaba el dinero de todos. El relevo se ha rodeado de una teatralización que, si no fuera por el drama de la actual situación política, serviría para una sátira sobre quienes intentan engañar y solo hacen el ridículo.

Resulta inverosímil que una persona con la inteligencia contrastada de Esperanza Aguirre llegue a creer que el amago de examen, hecho a los candidatos y hoy alcaldes, en el que se les preguntaba cándidamente si pensaban ser corruptos, tenga alguna eficacia. Debería saber, dado su probado «olfato político», que los golpes de efecto llegan demasiado tarde y solo suscitan en la ciudadanía una mueca despectiva, cuando no una mayor irritación.

Aun siendo tan fáciles como estúpidas las preguntas a los aspirantes, la actual alcaldesa de Villalba, Mariola Vargas, demostró su talla política al comparar la participación en una trama corrupta con «elegir entre vino y cerveza». Y al ser preguntada por su disminución salarial dijo «yo no soy una perra judía». Pues, con todo y eso, ayer la vimos con el bastón de mando. Eso sí, pidiendo disculpas a la comunidad judía y destacando su acendrada religiosidad católica que le obliga a amar a otras confesiones…

En Parla el tema fue de guerra interna. Tomas Gómez, el líder de los socialistas madrileños, amigo entrañable del anterior regidor, José María Fraile, pillado también en la «Púnica», calculó mal la jugada y ha salido elegida la tildada de contestataria Beatriz Arceredillo. Gómez pretendía que la lista corriera hasta el número cuatro de la candidatura, un hombre de su confianza, pero Arceredillo se negó. Fue la única concejala crítica con su gestión y ahora, con el bastón de mando en la mano, le puede crear más de un problema.

Y por último ¿qué decir de la Diputación de León? Esa prescindible institución, como todas las diputaciones, que vive tiempos convulsos y que ha pasado del asesinato de Carrasco a la imputación en la «Púnica» de su sucesor. Los leoneses, que pagan los gastos de este semillero de cargos del PP, han visto desfilar tres presidentes en seis meses.

Aunque los cargos en política no son hereditarios, una de las lacras de la situación actual es que los considerados «mano derecha» ascienden al poder en cuanto su jefe se va. Eso le paso a Marcos Martínez, siempre a la vera de Carrasco y ahora en la cárcel. Aferrado a su sillón, pese a estar en prisión incondicional, ha tardado dos semanas en presentar su dimisión poniendo al PP al borde del ataque de nervios.

Mientras los dos principales partidos se debaten en estas escaramuzas sucesorias y la formación de Cayo Lara, Izquierda Unida de Madrid, se niega a apartar a los implicados en las tarjetas en negro de Caja Madrid, la formación de Pablo Iglesias, Podemos, lo elige como líder máximo y comienza su andadura hacia la Moncloa, su única meta. Y siguen sumando votos…

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