Este 22 de abril de 2015, escribe David Torres en Público una columna titulada ‘Ahogados de tercera’ en la que arranca diciendo:
En la famosa escena final de Titanic, de James Cameron, Kate Winslet le pide a su amante Leonardo Di Caprio, muerto de frío y de agotamiento en las heladas aguas del Atlántico, que no la abandone al tiempo que, muy suavemente, empuja el cadáver mar adentro para que se hunda cuanto antes.
Añade que:
Ya no los hunde un iceberg a la deriva sino el hacinamiento, el exceso de pasajeros, el hambre, el pánico, la codicia de los traficantes, la abulia criminal de esta Europa anémica cuyos valores de libertad, igualdad y fraternidad hace mucho que naufragaron en el océano de los índices bursátiles.
Y concluye que:
En su aséptica frase de condolencia tal vez el único término auténtico sea «crédito», aunque no se refiera exactamente a ese tipo de crédito. Mientras tanto, y como recordaba Lorca, el mar es el único que recuerda de pronto el nombre de todos sus ahogados.
