Salvador Sostres

Los que dicen venir a salvarnos, siempre en el fondo vienen a salvarse, y la factura siempre acaba reflejada en nuestra cuenta

Los que dicen venir a salvarnos, siempre en el fondo vienen a salvarse, y la factura siempre acaba reflejada en nuestra cuenta
Salvador Sostres. PD

Salvador Sostres, en ABC, le suelta este 11 de octubre de 2015 una ración de mandobles a la alcaldesa de Barcelona, la muy populista Ada Colau, ante su última chorrada, la de retrasar comercialmente el período de la Navidades.

Lo que no se le ocurra a esta caterva de nuevos alcaldes…Ni el que asó la manteca llega a estos límites de surrealismo:

Monumental enfado de los comerciantes barceloneses con Ada Colau, que ha retrasado diez días la campaña comercial de la Navidad con la excusa de ahorrar energía con la iluminación especial; y en lugar de la pista de hielo que se solía situar en la plaza Cataluña, ha anunciado que impondrá una feria de consumo responsable.

Lo que la izquierda no entiende, y por eso sus recetas llevan siempre a la miseria, es que el consumo responsable es el que genera beneficio, riqueza y puestos de trabajo, y que la prosperidad sólo ha florecido alrededor del capitalismo y de las economías de mercado. Es preferible cualquier defecto del capitalismo, y todos ellos puestos juntos, y en el peor de los casos, que cualquier eventualidad, por optimista que sea, de la economía planificada de la que la señora Colau es partidaria. Es preferible la Gran Depresión a Stalin, a Chávez, a Castro, a Maduro o a Mao. Es preferible cualquier «injusticia» del mercado que cualquiera de los estragos que acompañan al concepto del consumo responsable.

Precisa con datos irrefutables:

Y no preferible para mí, o para los ricos. Preferible para los comerciantes, preferible para los consumidores, preferible para los que gracias a las boyantes transacciones van a ser contratados cuando el propietario decida ampliar el negocio.

Y preferible, también preferible, y muy preferible, para los niños que cosen balones de Nike a pocos dólares la hora en lugar de ir a la escuela, porque si como Ada Colau querría, dejáramos de comprar productos de Nike -en nombre del consumo responsable y «ético»- y Nike acabara quebrando por el boicot, las circunstancias de aquellos niños serían las mismas, pero sin los dólares que ahora ganan, pocos para nosotros pero que para ellos son lo único que tienen.

El capitalismo no tiene alternativa , como Dios, como la verdad. No seremos nunca felices si no aceptamos la imperfección del mundo, y si no entendemos que la ex periencia es mejor consejera que la ideología. No hay muchas verdades, hay una sola verdad y muchas mentiras. No hay muchos dioses, ni muchos cristales a través de los que se mira. Hay una Cruz que nos señala, y nos salva; y montañas de desolación, de desasosiego y de matanza cuando se vive de espaldas a la luz y se cree uno más listo que los demás tomando atajos.

Y deja claro quiénes son culpables y responsables de esta situación:

Tan culpable es Colau haciendo pasar su demagogia por encima de los intereses de los vecinos de Barcelona como Mas prefiriendo su salvación personal, y su permanencia en el poder, aunque sea al precio de pisotear la prosperidad y las garantías de los catalanes con un pacto salvaje con la CUP. Los que dicen venir a salvarnos, siempre en el fondo vienen a salvarse, y la factura siempre acaba reflejada en nuestra cuenta.

Lo más dramático de Mas con su independentismo hiperventilado, y de Ada Colau con su izquierda de arco y flechas, no son las molestias que causan a los ricos y a los empresarios, a los que sin duda perjudican, sino el terrible daño que hacen a los más pobres, y a los más frágiles , a los que tanto presumen de defender, cuando en realidad les condenan a la miseria con sus medidas equivocadas y contrarias a la creación de la riqueza, y que ponen en peligro el bienestar, el orden y la paz que tanto nos ha costado consolidar.

Es lo que Golda Meir dijo: podemos perdonar a los árabes que maten a nuestros hijos, pero nunca les perdonaremos que nos obliguen a matar a los suyos.

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