Santiago López Castillo

Enderezar las cosas

Enderezar las cosas
Santiago López Castillo. PD

Los que ven el panorama con dos culos de botella suelen decir que el marco electoral que nos dejó el 20-D es de lo más positivo porque se evita la alternancia. Es
un lenguaje que procede de los díscolos que estuvieron en la transición pero que anhelaban la ruptura. Era la izquierda añorante que, pese a sus errores anteriores, hacía contrición de sus pecados. Allí estaban los sindicatos y figuras como Camacho o Nicolás Redondo y políticos específicos como Tierno, Tamames, Mohedano y otros que fueron saboreando las mieles del gran capital y se echaron a la buena vida porque a nadie le amarga un dulce. Ahora no. Ahora unos vividores y demagógicos asalariados por los países bolivarianos y de los otros se ponen las botas y se relamen con el pifostio que se está montando en España. Son los críticos de la casta que se lo llevan crudo en la Comunidad Europea y en determinados territorios de la península donde le han cogido gusto al gatillo, como los filo etarras a los que no se les echa ni con aceite hirviendo, señor Rodríguez Zapatero, avalado por el flácido y pendulón Mariano Rajoy.

Se miren por donde se miren los hipotéticos pactos, alguien, algunos, han esbozado un guión para la catástrofe. La figura se llama ingobernabilidad. Los antisistema, los independentistas, los aldeanos, los reivindicadores de la abeja maya, se sienten reconfortados. A este guión no sólo se suman las televisiones privadas sino la pública, TVE y RNE, que creo que rige el PP, y que el alocado Sánchez trata de derogar todo cuando el PSOE, en mis 40 años de profesión, jamás vi mayor sectarismo contra los profesionales independientes si no eras del partido socialista (sólo fui del Real Madrid). En aquella cuadrilla para derribar Televisión Española estaban Mariñas, Tom Martín Benítez, los Fraguas, Forges & sus brothers, Balbín en clave mayor, Iñaki Gabilondo, Campo Vidal, el parcial de los debates, etc.

El panorama, pues, no es bueno por el malentendido y manoseado deseo de resquebrajar España, caiga quien caiga, que cumplió el medio milenio y es la nación más antigua de Europa. No quisiera ser agorero y por eso alarmo. Los que prefieren la unidad territorial se manifiestan con un pero si y un pero no, ante la laxitud del Gobierno central, que no le hace falta recurrir a las armas. Volvamos a la calma y hagamos una ley electoral justa, no que un hombre sea un medio voto y pongamos en pie a esa banda de intelectuales que holgazanean, si los del 98 levantaran la cabeza, y desterremos al ostracismo esos kulturetas de la ceja petrificada que bien podrían pastar en llamas en el museo de cera.

Parafraseando a Calvo-Sotelo, es preferible una España roja antes que rota y de ninguna forma ardiendo.

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