Rafael Moyano

«Los secuaces de Rus llegaron a llamar una peluquería con ‘Qué hay de lo mío'»

"Los secuaces de Rus llegaron a llamar una peluquería con 'Qué hay de lo mío'"
Rafael Moyano. PD

Rafael Moyano se centra en la megacorrupción en el seno del PP valenciano y no deja títere con cabeza:

Conocí a un imputado por Gürtel en su época de gloria. Pavoneándose con su coche oficial y su guardaespaldas, recordaba su origen humilde y repetía a quien le escuchara que él era un hombre hecho a sí mismo, como si a los demás nos hubieran hecho otros. Cuando la inmundicia que rodeaba su exitosa vida afloró, siempre me pregunté si es que no le entendimos bien o es que no le dejábamos terminar la frase. Él era un hombre que se había hecho a sí mismo… robándonos a los demás, y debía disfrutar viéndonos las caras de gilipollas. Porque los corruptos suelen ser chulos, de esa chulería que te da creerte por encima de los demás.

Recuerda que:

La presunta «organización criminal con ramificaciones internacionales», según las diligencias judiciales, que operaba en el epicentro del PP valenciano es un ejemplo más de esa altanería inherente a quien nos roba. La continua exhibición de poderío de Alfonso Rus, Ferrari rojo incluido, no levantó las suficientes sospechas y se le permitió actuar durante muchos años con total impunidad. Al fin y al cabo él, que comenzó vendiendo electrodomésticos, también era un hombre hecho a sí mismo. No se cortaban, ni él ni sus secuaces, capaces de rotular una peluquería con el comercial nombre de Qué hay de lo mío. Se reían, se ríen, de nosotros. Para reírse es también, por no llorar, que nos encontremos con una peluquería una semana después de descubrir que, además de chorizos, algunos corruptos son calvos. Resulta que el juez Eloy Velasco descubrió que entre las dádivas que presuntamente recibían los responsables de la empresa pública Aguas de las Cuencas Mediterráneas, el penúltimo caso que ha salido a la luz, había tratamientos de implante de pelo. Va a ser fácil para el magistrado deducir quién de los implicados se ha beneficiado de ese pago en especies. Bastará con ver la foto del antes y el después, como en los anuncios de crecepelo. El otrora calvo que haya estado fardando de listo y exitoso con su melena al viento, será el culpable.

Y sentencia:

Lo más dramático de estos nuevos casos de corrupción es que se hayan perpetrado y mantenido en pleno proceso de rasgado de vestiduras político, cuando había un propósito de enmienda nacional traducido en anuncio de leyes de control y transparencia. Los corruptos han seguido con sus tropelías mientras mi conocido de Gürtel pasaba por el calabozo. No se han sentido suficientemente amedrentados. La tentación, a veces más fuerte que el miedo, les ha podido porque es difícil resistirse a lo que dice el proverbio: al perro que tiene dinero se le llama señor perro. La promesa de limpiar el fango no ha logrado frenar el descreimiento hacia los políticos, a tenor del resultado de las elecciones, y han irrumpido partidos forjados, entre otras cosas, en la denuncia de esa corrupción. Es ese el elemento corrector básico que los nuevos partidos, con poder para determinar el rumbo de la política, deben introducir como moneda de cambio a quien quiera gobernar. Lo lamentable es que ya se vislumbra que van a primar otros intereses.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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