¿Que dicen hoy quienes a tres dias de unas elecciones salieron a la calle a dar un golpe de estado porque dijeron que el 11-M era culpa del gobierno de entonces? La masacre de Londres, la de Madrid, el atentado contra Charli Hebdo, el estadio Saint Denis, la masacre de la Sala Bataclan en Paris o lo de ayer en Bruselas ¿también fueron culpa de sus Gobiernos?
¿Qué había que haber hecho según estos demagogos cobardes y, sobre todo, insolidarios tras el 11-S de 2001 en Nueva York, 7-J de Londres 2005, el 11-M de Madrid 2011, el 13-N de Paris 2015 o la nueva salvajada del 22-M de ayer en Bruselas, que llenan la historia de horror y cifras y han encontrado conexión en el barrio de Molenbeck de Bruselas:
¿Cruzarse de brazos para llegar al poder? ¿Donde están hoy todos esos demagogos baratos? Pues no pocos, en las instituciones. Quien les ha dado vela en estos entierro a quienes rechazan el pacto antiyihadista pero quieren meter la nariz para recabar información como ¿Observadores? Eso aparte de sonar a traición, fatal, qué cosa es, ¿Me lo pueden explicar?
Es lógico el impacto de un hecho así. Es el propósito de los terroristas. Se trata de un un hecho salvaje, pero relativamente simple, pues con un suicida y una maleta arrebatan la vida a una veintena al menos a seres humanos que lo pierden todo, su vida, su bien más preciado, el único, y trunca para siempre la de centenares.
Con que fuese una sóla seria igualmente trágico pero lo cierto es que el número de víctimas no son muchas más que las del autobús y sin embargo el impacto provocado por estas alimañas, escasa y fieramente humanas, se multiplica exponencialmente, se amplifica «mundialmente». Y eso es lo buscado: La muerte de unos cuantos y el miedo de millones. Como ese impacto es inevitable en las sociedades abiertas, lo único que nos queda es el intento de conservar la calma, ofrecer la ayuda posible, solidarizarse parece a veces sólo decirlo, liberarnos como sociedad del miedo y demandar de una vez por todas una auténtica seguridad europea.
La pena inmensa que deben estar sintiendo las familias de las jóvenes fallecidas en el autobús siniestrado donde desemboca el Ebro, teniendo que venir a reconocerlas, no admite tampoco expresión y solo cabe desear que una muerte accidental por fallos en la relación de los humanos con las máquinas, desgraciadamente siempre posibles, no dañen excesivamente la integridad de los organismos y la vida de quienes están y seguirán sufriendo.
Nos queda el olivo de Obama en Cuba, sus buenos deseos de este viaje para mayor gloria de su mandato que ha tropezado con tantos bloqueos de la oposición republicana como el que impide poner fin al embargo, a pesar de su comida en el Paladar, su ritmo y su personalidad grata para la mayoría, mientras deja caer sus deseos de libertad y elecciones en un viaje que en los libros de historia quedará sin rematar.
Vuelve sin embargo para quedarse en esos mismo libros el movimiento «Je Suis», un grito de unidad para perseverar en esta dif’icil lucha entre la civilización y la barbarie.
