Manuel del Rosal García

San Pedro y San Pablo de cartón piedra, blanco España y purpurina

San Pedro y San Pablo de cartón piedra, blanco España y purpurina
Manuel del Rosal García. PD

Y bajando la Carrera de San Jerónimo parecían dos santos. Sonrisas dulces, miradas lánguidas, movimientos suaves y solo les faltaba unir sus manos, en un momento el santo Pablo ofreció con gesto de mansedumbre un libro al santo Pedro, mirándose a los ojos se prometían entrega y amor eterno, incluso renuncias a casi todo, a casi todo menos al poder.

Los santos Pedro y Pablo se movían como flotando en una algodonosa nube y sus atuendos simulaban túnicas blancas blanquísimas, lástima que por uno de los pespuntes de la túnica se les escapara el rabo acusador y denunciante de su falsedad, su hipocresía y su desvergüenza pues con esa obscena escenificación de la nada se estaban burlando una vez más de todos los españoles.

No, no son los santos Pedro y Pablo del cristianismo, ni siquiera los santos de la imaginería en madera policromada, verdaderas obras maestras del arte sacro; son los Pedro y Pablo santos de cartón piedra, barnizados con purpurina barata y rematados con una aureola de latón pintada con blanco España.

Más falsos que Judas y que un billete de treinta euros caminan por los oscuros pasadizos de la política más rastrera, esa que se hace en las alcantarillas, representando escenas en un retablo de las maravillas donde nada hay ni nada acontece queriéndonos hacer ver que sí, que suceden y sucederán cosas maravillosas, impregnadas del olor que desprenden sus cuerpos de santos de pacotilla, de papel charol pegado con pegamento Imedio.

Y pasean de cuerpo presente por todas las cadenas de televisión emitiendo sus mejores sonrisas, prometiendo la venida del mesías en forma de «progresismo» y «reformismo» y millones de fieles enfebrecidos por una fiebre de estupidez lacerante, se flagelan sus carnes en honor de Pedro y Pablo, santos que nos van a traer todo lo que la apostasía derechil nos ha robado, según la doctrina de las sectas «progresistas» y «reformistas» y que esta «izquierda caviar», esta «gauche divine» nos lo va a devolver, sí.

De rodillas y compungidos, millones de ciudadanos en la inopia hacen oraciones en forma de votos a los dos santos más santos que dieron en los siglos cualquiera de las «sinistras» religiones que asolaron países enteros.

En los próximos días habrá desfiles de jubileo con lluvia de flores con los colores rojo y morado por todos los medios televisivos, de radio y escritos afines a esta indecente unión entre estos santos de representación teatral y anunciaran un prodigio que superará a los prodigios que aquel otro santo José Luis Rodríguez Zapatero realizó en España durante ocho años hasta dejarla más arrugada que la bota de un cojo, más sobada que el periódico de la barbería y con menos fondos que una latita de anchoas. Ese santo José Luis del que dijo una de sus ministras igualitarias que con él sucederían «conjunciones planetarias».

Ese santo José Luis engendrador y partero de la «alianza de civilizaciones» que fíjense como está la susodicha alianza anegando de sangre las calles de Europa.

Pues bien, todos los «milagros» de aquel santo circunflejo de sonrisa bobalicona son tortas y pan pintado comparados con los «milagros» que estos dos nuevos santos Pedro y Pablo del santoral izquierdoso pueden realizar en España hasta dejarla más seca que la mojama y más rendida que un padre de familia numerosa que trabaja por 1000 euros diez horas al día.

Que según ellos son capaces de dejar el milagro de los panes y los peces en agua de borrajas comparado con el espantoso «milagro» de extraer de unas arcas agónicas del Estado 96.000 millones de euros para gasto público, no público, militares sin graduación y mediopensionistas a más de otros «milagros» de los que Dios en su infinita bondad nos libre porque solo Él puede librarnos del monstruo que nosotros mismos hemos creado con nuestra estupidez el 20D, y es que nada bueno podemos esperar de esta cáfila de políticos que hemos sentado en el Congreso encabezada por estos dos santos de cartón piedra, purpurina y blanco España, santos que se denuncian por sí mismos porque a los dos les asoma el rabo satánico por los entresijos de sus túnicas y porque no se puede ser santo cuando el odio al contrario inunda sus entrañas (Pedro Sánchez) y la vitola del totalitarismo está impresa en su frente (Pablo Iglesias) mientras que los dos no atesoran más méritos ni más razones que el apetito voraz de mandar.

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