David Gistau

«Para Ciudadanos, la gente es un hatajo de atorrantes varados en el más cutre de los bares»

"Para Ciudadanos, la gente es un hatajo de atorrantes varados en el más cutre de los bares"
David Gistau. PD

David Gistau critica el anuncio preelectoral lanzado por Ciudadanos, lo considera demasiado cubre y muy apegado a tópicos del pasado:

Mi primer pensamiento al ver el vídeo de Ciudadanos fue que cualquier intento español de hacer «Cheers» degenera en el bar de la esquina con banderín de fútbol, palillo entre los dientes y tragaperras. Es una asociación de ideas que constituye la única transversalidad, la única coincidencia doctrinal: la visión del español promedio como un tipo que huele a fritanga y tardará un rato en acertar a meter la llave en la cerradura cuando regrese a casa. Hasta Rajoy, cuando le dijeron antes de las elecciones anteriores que algo tenía que hacer para volverse más reconocible por el español promedio, se pegó a la mano un doble de cerveza de atrezo y se acodó en todas las barras tabernarias entre Génova y Moncloa. Si quiere usted parecer cercano y genuino, convoque a las cámaras para que lo graben agarrándose un pedo de vermut mientras le corrige a Del Bosque con aceitunas la disposición defensiva de la Selección.

En el vídeo de Ciudadanos hay, sin embargo, un matiz: Rivera es el único personaje exógeno al bar, el único «au dessus de la mêlée», y el único, aparte del camarero, que está trabajando. Un «nerd» de mucho cuidado, vaya. Una de las disputas de la nueva política refundadora es la catalogación y apropiación de la Gente verdadera. Ya sabíamos, más o menos, cómo es el ideal de Gente para Podemos, que oscila entre la tribu rusoniana que contiene con esponjas de mar el flujo menstrual y el hipster que, para bajar los humos al capitalismo, se autoabastece con huertas domésticas y tiene un concepto revolucionario de sí mismo. Ahora sabemos que, para Ciudadanos, la Gente es costrosa, un hatajo de atorrantes que se han quedado varados en el más cutre de los bares de abajo y que aguardan, sin hacer nada por ellos mismos, la aparición del ser providencial. Por eso Rivera no está en el bar, es decir, en la decadencia a la española. Por eso se hace carne mortal en el televisor a una altura suficiente para que los parroquianos lo contemplen desde abajo, conscientes de que son chiquitos, como es lógico suponer que veríamos aparecerse a cualquier mesías redentor entre un coro de ángeles. En realidad, todo encaja con esa percepción de secta juvenil y «soft», como fundada en Malibú, que también alcanza al visitante de la sede madrileña de Ciudadanos, donde es imposible no sentirse abrumado por la presencia exagerada de retratos XL desde los cuales nos sonríe Rivera componiendo una modalidad de salvador menos colérica que la de Iglesias. Más cienciológica.

Sentencia que:

La cutrez de bar de la esquina con la que ven a la Gente estos urbanitas es tal que cuando se burlan de Rajoy acusándolo de leer sólo el Marca lo que logran es hacerlo más semejante a su español promedio, que no es de Schopenhauer, sino del Marca, de lo que habla en ese bar. El alarde intelectual siempre penalizó al político. Eso lo comprendió Rivera que, muy astuto, cuando le preguntaron el pasado verano cuál había sido su bagaje lector, dijo que empezó una novela de Lucía Etxebarría pero no la terminó.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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