Santiago López Castillo

¡Orejas de burro!

¡Orejas de burro!
Santiago López Castillo. PD

El ácido y bien humorado Álvaro de la Iglesia se habría puesto las botas escribiendo en estos tiempos que corren, usted los llama analfabestias de la Logse, tras su agudizado ingenio para burlar la censura franquista en «La Codorniz», la revista más audaz para los lectores más inteligentes, rezaba la cabecera del semanario, o en aquel libro suyo «Los muertos no se tocan, nene». Y es que venimos asistiendo al embrutecimiento del alumnado con que no se le puede reñir, en absoluto reprender, y prisión para quien dé un cachete. Miren, yo me he llevado hostias con hache y sin hache en los frailes, concretamente en los menesianos de la Instrucción Cristiana. E hice, hicimos, mi generación toda, un bachillerato de Ciencias o Letras, a elegir, con dos reválidas y un palito, más un preuniversitario que no se lo saltaba un gitano.

Ahora, los pibos y pibas, en leguaje degradante, argentino, se lleva mucho entre nuestros jóvenes, sólo tienen como objetivo «pasar». Alabé la reforma educativa de José Ignacio Wert, al que conocí como diputado de UCD, con sesgos socialdemócratas. Pues ni ésas. Predomina el embrutecimiento. Gloria a Rubalcaba, quien impulsó la Logse, cuando la ignorancia es pura demagogia, químico prodigioso. Sólo impera, salvo excepciones, el vandalismo, el más absoluto desconocimiento cultural y la aldea como referencia que los independentistas están sometiendo a sus poblaciones; de ahí lindezas como que «el Ebro nace en tierras extrañas…» o que el hombre del tiempo diga «habrá lluvias en el norte del Estado español». No so mostrencos. En el norte del Estado español ni llueve ni hay vientos racheados ni otras mandangas atmosféricas. Es un ente jurídico que cohesiona los diversos órganos de un país soberano.

Pero los padres que redactaron la Carta Magna, de cuyos debates informé a la nación a través de TVE, recibiendo después el I Premio de la Constitución Española, y perdón por la inmodestia; los constituyentes, iba a decir, fueron presa del sectarismo de los nacionalistas, hasta que mi amigo Gregorio Peces-Barba se cayó del guindo unos años antes de morir, para exclamar: «¡Estos golfos nos han engañado!» La Enseñanza pasó a manos de los autonomistas-secesionistas-independentistas para destruir los símbolos del Estado, que en todas partes del orbe se respetan.

Yo, que no soy nadie, intento enderezar la cordura del paisanaje, y pondría orejas de burro a estos depravados educadores. Para concluir con Da Vinci: pobre del estudiante que no aventaje a su maestro. Educadores y educandos mostrencos.

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