Víctor Entrialgo de Castro

El tupé de América

El tupé de América
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Como le gusta decir al Jefe, camina como un pato, habla como un pato y chilla como un pato. Incluso se llama Donald, pero, por una vez, no es un pato. Se parece al tío Gilito pero se llama Donald Trump.

Este nuevo Elvis con flequillo oxigenado que no tardará en sacar la guitarra, avergonzaría por sus formas a cualquiera como cuñao y emerge ahora por las circunstancias y el cansancio de las bases republicanas con sus élites de siempre.

Pero una cosa es que su aparición en la política norteamericana tenga una explicación y otra que Donald Trump sea el remedio.

Ni con Podemos ni con el Tio Trump el populismo puede ser la salida. Decirle al ciudadano lo que quiere oír, en lugar de la verdad, invocando el miedo como Salvador, nunca puede ser la solución.

Lo de estos personajes populistas, suele ser una huida hacia delante en la cuesta abajo de sus megalómanos negocios, o en la cuesta arriba de quienes no han trabajado en su vida y buscan únicamente prosperar rápidamente como charlatanes y encantadores de serpientes. Un método para evitar la bancarrota o medrar en la selva de la política a golpe de asamblea.

Pero como Maduro y todos los populistas Trump pretende acceder al poder construyendo muros y enemigos, como el de Méjico frente a los hispanos, con diatribas que a medida que se acerca el poder se ocupan de matizar.

A Donald Trump Europa le trae al pairo. Él pretende arreglarse con China y el Reino Unido pero proponiendo la renegociación del Tratado China-EEUU frente a una potencia a la que acusa de manipular su moneda y tipos de interés en perjuicio de Norteamérica y ser la causante de la pérdida miles de puesto de trabajo.

En casa propone la mayor reforma fiscal desde Reegan, dejando el tipo superior del IVA en el 18 %, suprimiendo, según él, las cargas fiscales de la educación y acusando a las políticas demócratas de crear 14 millones de desempleados, la pobreza de sus desempleados y el crecimiento excesivamente lento de la economía americana.

Lo último que le ha llamado a Hillary Clinton es fanática, a lo que ella ha contestado que ha venido a traer a la vida americana e incluso al propio republicanismo una desconocida corriente de odio.

Seguro que Trump tiene razón en alguna cosa, -todo el mundo la tiene-, o acierta en señalar ciertos objetivos, pero EEUU, como España, necesita líderes a quien otorgar su confianza, no gentes sin otro bagaje ni objetivo que medrar o extravagantes millonarios con tupé Rockabilly haciendo piruetas para salvar sus negocios a través de la política.

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