Victor Entrialgo de Castro

Europa desconcertada

Europa desconcertada
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Europa, que tiene tanta plancha pendiente, se precipita. Merkel, Hollande, Junker, Moguerini, Dastis, y otros dirigentes europeos, se han apresurado a hacer consideraciones sobre el triunfo de Trump, que no siendo muy graves, parecen cuando menos imprudentes.

Europa debe adoptar las medidas cautelares que crea conveniente pero, ¿a qué viene patinar cuando aún no han colocado el hielo? Es evidente que Trump nos sorprenderá pronto con alguna medida impactante que ofrecer a sus votantes, pero si aún no ha tomado posesión, no hay actos de gobierno y no han puesto aún la pista, lo fácil si pisas hielo es que te caigas.

Ni siquiera «la Reunión del pánico», como ha sido bautizada irresponsablemente por un diplomático europeo la convocatoria urgente de los Ministros de exteriores a instancias de Alemania el pasado domingo en Bruselas, envia al resto del mundo una señal acertada.

Opinar es un derecho ciudadano, pero un alto mandatario, que ha de tener mirada larga, no opina, se pronuncia, cuando tiene una posición fundada en nombre de su Gobierno y sus ciudadanos, de quienes le han confiado el poder.

Hemos asistido a una votación que, por las razones que sean, ha otorgado un mandato a Donald Trump, cuya trayectoria y formas para alcanzar el poder bastan para descalificarle. Pero ha sido democráticamente elegido por el pueblo americano conforme a sus reglas constitucionales.

Por eso no parece oportuno que un jefe de gobierno o un alto funcionario se manifiesten como han hecho los líderes europeos. Lo urgente para las autoridades europeas es evitar que el populismo se extienda por el continente como consecuencia de la crisis, el drama de los refugiados y los personajes que están tratando de capitalizar el descontento. Pero no parece que esas declaraciones sean la solución.

La parte buena es que estas situaciones difíciles parecen las únicas capaces de acelerar la construcción europea empezando por la obligada contribución a la defensa europea autónoma que tras el Brexit y el Euxit aparece más a la vista que nunca.

Europa precisa seguir construyendo «comunidades», proyectos que sirvan a la unión de los europeos de modo que sean percibidos fuera de los despachos de Bruselas y Estrasburgo.

Como ya dijeron sus creadores Monet, Schumann, Europa avanzará con realizaciones concretas como la brillante idea de crear, tras dos guerras mundiales en las que lo europeos se mataron entre si, una Alta Autoridad Común para controlar la producción del carbón y del acero, CECA, y otra para la comunidad europea de la energia atómica EURATOM, con los controles recíprocos que ello supuso.

Europa necesita precisamente eso, «Altas Autoridades Comunes». Que sean Altas en competencias, auténticas Autoridades en prestigio, y Comunes, de modo que tengan visibilidad y todos los ciudadanos, no sólo la burocracia europea, se vean reflejados en ellas.

Claro que son precisos altos funcionarios como Federica Mogherini y antes Catherine Asthon, que encabecen la diplomacia europea. Pero con eso no basta. La diplomacia europea va a echar en falta contar con una voz, un politico de alto perfil y relieve, lo que toda la vida se llamó una personalidad de prestigio que encarne la Unión. He ahí uno de las carencias del proyecto europeo.

Europa necesita una personalidad que encarne los ideales europeos, encabece la diplomacia europea y sea capaz de ponerle rostro, suscitar identificación y transmitir ilusión a los ciudadanos y valores europeos.

Y Europa no avanzará si no se ve, si no se encarna, si no se interpreta, si no se traduce, si no se enseña.

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