Confundimos el querer con el amar, y miren ustedes la diferencia cuando empleamos los mismos tiempos verbales, pero cambiando las palabras:
– ¡Quiero querer!
– ¡Amo amar!
`¡Quiero querer!`, transmite deseo no exento de necesidad, mientras que `¡Amo amar!`, transmite plenitud, y paz; porque somos libres en el amor.
El avaricioso verbo `querer`, implica frustración y ansiedad por poseer algo o a alguien. Cuando se posee aquello que se desea, entonces se piensa: `¡Tengo lo que quiero!`, pero en ese mismo momento es cuando surge el miedo que conlleva dicha frase, al surgir un nuevo pensamiento hasta el momento inexistente: `Temo perder lo que tengo`.
La plenitud y la paz se logran con el verbo `amar`. Porque es unilateral, generoso y desprendido; nada quiere, ni nada espera. Porque el Amor no se posee, ni se tiene; sino que es él, si somos merecedores, quien nos posee a nosotros.
Al final los verbos `querer` y `tener`, son producto de la mente y su acelerado tráfico de neuronas, mientras que el verbo amar, aquel que sacia y nada teme, porque nada tiene ni nada quiere, es fruto del alma o, si lo prefieren, del corazón.
Si desnudamos el amor de su parte sexual, que al fin y al cabo no es más que el instinto animal de reproducción que poseen todos los animales, ¿nos queda menos amor?
A veces, cuando suprimimos la parte sexual en la relación de una pareja, lo que nos queda no es menos amor, sino nada. En otros casos, el amor no varía un ápice, mientras que en otros el amor crece.
Al acto sexual se le ha denominado, y aún se le denomina, como `hacer el amor`. Y es que los autores ´fumetas´ de tan desafortunada frase, ignoraban que el amor poco tiene que ver con el placer y el orgasmo corporal, pero mucho con el éxtasis.
No se hace el amor. El amor se siente, se vive. Lo que la gente entiende por hacer el amor, vulgo coito, no es más que la culminación del instinto animal de reproducción. Para descubrir la esencia del amor, debemos prescindir de palabras y jadeos más o menos teatrales. Para descubrir y SENTIR FÍSICAMENTE LA ESENCIA DEL AMOR, basta con un sentido y prolongado abrazo; así de simple.
Para descubrir y SENTIR ESPIRITUALMENTE LA ESENCIA DEL AMOR, basta con cerrar los ojos, dejar la mente en blanco y abrir nuestra alma a Dios. Aquellos que lo han conseguido (no es fácil ni cotidiano), saben de lo que hablo.
En cuanto a aquellos que nunca lo han vivido, los hay de dos tipos: Los que lo han intentado pero aún no lo han conseguido, y aquellos otros que no lo intentan porque no creen en ello. Una pena.
Como escribió Albert Einstein, en su última carta manuscrita, a su hija Lieserl, el Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.
El pica flores de Einstein nunca fue una persona religiosa, pero como fe en la existencia de Dios, le daba sopas con honda a más de un penitente de la Semana Santa.
El Dios del que habla Einstein en la carta a su hija, poco tiene que ver con el Dios judío del Antiguo Testamento, y mucho con el Dios de Amor que nos reveló Jesucristo en el Nuevo Testamento.
TEXTO COMPLETO DE LA ÚLTIMA CARTA MANUSCRITA DE ALBERT EINSTEIN A SU HIJA LIESERL, CONSERVADA Y CUSTODIADA EN `THE HEBREW UNIVERSITY OF JERUSALEM`, ISRAEL:
Querida hija:
- Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo. Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.
- Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor.
- Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas. El amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras.
- El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El amor es Dios, y Dios es amor.
- Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.
- Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.
- Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiese que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.
- Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.
- Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quintaesencia de la vida.
- Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.
Tu padre. Albert Einstein

