«Mi deber es defender el apellido paterno; mi padre no me lo perdonaría», dijo en su día el candidato del PSOE

Rubalcaba renuncia al ‘Pérez’ y alista a sus huestes para elecciones generales en otoño

Un año y medio hace de aquello y ya, al parecer, Pérez sólo defiende la P

dURANTE UNOS MESES, POCOS, vamos a tener un líder cataléptico teledirigido con mando a distancia

Con la calva cortada, corbata y camisa de rayas, algo ojeroso y la papada suelta… La Secretaría de Organización del PSOE ha elaborado la primera imagen de Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato socialista a la Presidencia del Gobierno.

La excusa, esta vez, es convocar a la militancia socialista a su acto de proclamación como líder electoral del partido que tendrá lugar en Madrid el próximo día 9 de julio de 2011.

La realidad es que el departamento que él dirige ya ha puesto en marcha la maquinaria electoral. Y allí sigue Alfredo P., como vicepresidente y ministro casi plenipotenciario, pese a que hasta voces de referencia en su partido, como Felipe González, le aconsejan que deje «ya» de ser organizador y candidato al mismo tiempo.

Porque es una anomalía democrática enorme y porque es un despropósito ético difícil de empeorar.

UN TRABAJO CASERO

Explica Alvaro Martínez en ABC que, para la ocasión, Ferraz no ha acudido a agencia de publicidad, márketing político o comunicación alguna sino que ha optado por un trabajo casero que aporta, no obstante, algunas pistas de lo que podría ser un bosquejo de la futura marca electoral del candidato y las ideas fuerza que la inspirarán.

Igual que José Luis Rodríguez Zapatero quedó hipercomprimido en la siglas ZP (exitoso invento hoy convertido ya en arqueología política, al igual que la famosa «zeja»), el PSOE ha apeado el Pérez al vicepresidente, sustituyéndolo por una escueta P.

Quedan, sin embargo, bien evidentes el Alfredo (nueva denominación con la que el ministro cree que aporta cercanía) y el Rubalcaba de siempre, genérico por el que se le conoce desde los tiempos de la escuela y el atletismo.

Los diseñadores del tarjetón no parece que hayan sometido a la imagen a un especial centrifugado con el fin de rejuvenecer al protagonista.

Si lo perseguían, desde luego, han fracasado de plano, pues la primera foto del Alfredo P. candidato es la de una persona con el peso de los años en el rostro y con la barba tan encanecida que ya son muchos más los pelos blancos que los grises.

De los otros pelos de la cabeza, ni rastro, aunque el oportuno encuadre de la imagen evita el ralo panorama piloso craneal.

Y todo ello sobre un fondo rojo, donde también aparecen las siglas del partido y su histórico logotipo: el puño y la rosa.

LOS PÉREZ EN EXTINCIÓN

Cabe recordar que cuando surgió la polémica sobre las nuevas normas de prevalencia de los apellidos en el Registro Civil, en caso de disputa entre los padres, el vicepresidente bromeó:

«He leído que mi apellido es de los que están en peligro de extinción, que no es Rubalcaba, sino Pérez. Mi deber es defender el apellido paterno. Mi padre no me lo perdonaría».

Un año y medio hace de aquello y ya, al parecer, Pérez sólo defiende la P.

Como subraya Ignacio Camacho en ABC, el manejo de los tiempos se le ha escapado de las manos a Zapatero. Su calendario, como su propio poder, está supeditado a los intereses de Alfredo Pepunto Rubalcaba, que será el encargado de determinar cómo y cuándo poner punto final al mandato.

Durante unos meses, probablemente muy pocos porque de no tener ya decidido que las elecciones generales sean entre octubre y noviembre de 2011 no se habría producido la subida de la luz y el gas ahora, vamos a tener un líder cataléptico teledirigido con mando a distancia.

En esta postrimería decadente, en este desconcertante cuadro de interinidad, hay un presidente que no acaba de irse y otro que no acaba de llegar, y en medio un personaje que no se sabe si se va o si viene.

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