Podría decirse que Ernesto Alterio es un rostro ya veterano del cine español, aunque de “manufactura” argentina, o al menos de origen (nació en Buenos Aires, en 1970, aunque está nacionalizado español y reside en nuestro país). Con facilidad para dejarse ver por proyectos cómicos, no posee mal cambio de registro cuando los derroteros profesionales le han llevado al género dramático, y escribe su nombre en el reparto de películas tan emblemáticas para el cine en español como Los años bárbaros (1998), Los lobos de Washington (1999), Yoyes (1999), El otro lado de la cama (2002), Días de fútbol (2003), El método (2005), o la más cercana El cuarto pasajero (2024). También ha participado en proyectos televisivos, obras de teatro, y ha sido nominado a tres premios Goya a lo largo de su trayectoria, que va siendo dilatada.
Sin embargo, cosas de la popularidad que da la televisión, Ernesto Alterio es más conocido para el gran público por ser el hermano mayor de Malena (Buenos Aires, 21 de enero de 1974), la pequeña de una saga de intérpretes casi a la altura de las grandes de la historia del cine, y que saltó a las casas de todos por ser entre 2003 y 2006 la novia del portero de la mítica serie Aquí no hay quien viva, pero también ha participado en exitosos proyectos para el cine como Torremolinos 73 (2003), Días de cine (2006), La torre de Suso (2007), o Que nadie se duerma (2023), película que le reportó, por cierto, el Goya a mejor interpretación femenina protagonista. Un año antes, tuvo la satisfacción de entregar junto a su hermano Ernesto, el Goya de honor Héctor Alterio, el gran patriarca, al papá de las criaturas y uno de los más importantes actores en lengua hispana de la historia.
Es quien queda más lejos a las actuales generaciones por su avanzadísima edad, nada menos que 95 años y en septiembre ya 96), pero su extensa y poderosa filmografía hace imposible enumerar sólo algunos de sus títulos más famosos.
En realidad, Héctor, el “padre” de El hijo de la novia, aquella inolvidable cinta de Juan José Campanella con Ricardo Darín, entre otras muchísimas, argentino de nacimiento y español de nacionalidad debido al exilio, cosas de la política, que lo hicieron asentarse en nuestro país con su familia hace ya más décadas que hijos tiene, es por su éxito profesional “el famoso” de la estirpe, y también el más longevo en lo profesional. Más cerca de los 100 años que de los 90, sigue en activo (el teatro, siempre el teatro para conectar a los grandes con la profesión), y sostiene tras 80 años de trabajo interpretativo que “aún le divierte entretener a los demás sobre un escenario”.
Ahora está de gira por España con su obra autobiográfica Una pequeña historia, en la que el actor reflexiona sobre el oficio de actor, el exilio, la vida y la muerte, y que está dirigida por su mujer Ángela Bacaicoa. Todo queda en casa, hay donde elegir…
Ha participado en una treintena de películas, ha aparecido en series como Segunda enseñanza, La Regenta o El Barco, y ha sido (es) uno de los grandes de las tablas, pues ha protagonizado obras de teatro como El criado, Divinas palabras o Yo, Claudio.
Aunque la noticia resida en que vuelve a estar en activo, rozaría los límites de la injusticia tildar de anciano actor exitoso a ambos lados del océano a quien es patrimonio de la cultura y punta superior de la pirámide.