Por José María Arévalo

(Diferentes actuaciones de restauración y rehabilitación del teatro Lope de Vega con ilustraciones de las estancias)
Creo vale la pena empezar el año con una buena noticia, así que he elegido esta de la restauración del vallisoletano teatro Lope de Vega, bellísimo además de histórico teatro. Todos los días veo como va su reconstrucción, en la vallisoletana calle de María de Molina esquina a la calle 20 de Febrero, pues queda muy cerca de mi casa y me impide el acceso en coche a ella, por haber quedado cortada esta última calle, así que me interesa mucho que acaben las obras cuanto antes, aparte el interés cultural del asunto que ahora explicamos.
Efectivamente, me han parecido buenas noticias las que daba estos día atrás El Día de Valladolid en artículo que M. Rodríguez titulaba “El Lope de Vega reabrirá en 2027 bajo gestión privada” y subtitulaba “La rehabilitación del teatro generará un nuevo contenedor cultural en el centro de la capital. El Ayuntamiento apuesta por «reinventar» las opciones de uso de sus tres espacios para «atraer» empresas que opten a su gestión”.
Valladolid recuperará a principios de 2027 -nos explicaba el artículo- un espacio emblemático. El teatro más antiguo de la capital, en pleno centro, reabrirá convertido en una dotación cultural moderna y polivalente, y con gestión privada. «Será un teatro del siglo XXI», apunta el arquitecto Óscar Ares, que ha diseñado la rehabilitación; «El más atractivo de todos los que hay España», subraya el concejal deUrbanismo, Ignacio Zarandona.
Elementos clave para conseguir generar distintas propuestas de actividad, al margen de la propia de un teatro, y atraer así a posibles gestores. «En Valladolid no hace falta otro teatro como tal. Hay que reinventar los usos culturales», reitera Zarandona. Una opción de explotación que se vincula a la esencia del Teatro Lope de Vega, que se inauguró en 1861 por iniciativa privada. De hecho, ya en los años 30, mostró esa polivalencia con el concierto de la musa del jazz Josephine Baker o el recital donde Emilio Ferrari leyó sus versos ante José Zorrilla.
Precisamente, ese tipo de promoción, en esos momentos de más baja calidad que la pública, propició que su fachada principal se reformara en 1920 y se restaurara completamente en 1960, aunque esa «mala construcción» no evitó que tras su cierre, en 2000, haya evolucionado hacia un estado de ruina casi total. «A punto del colapso».
También ha sido uno de los grandes hándicaps para darle una nueva vida. En 2006 fue adquirido por Caja España-Duero (hoy Unicaja Banco) con la intención de rehabilitarlo, proyecto que, finalmente, no pudo acometerse por la crisis económica. Y no fue hasta febrero de 2020 cuando el Consistorio y Unicaja acordaron la permuta del teatro por una parcela del callejón de la Alcoholera.
Aunque todavía hubo que esperar hasta finales del año pasado para ver iniciarse las obras de rehabilitación, que se financiarán gracias a fondos europeos.
Polivalencia.
El proyecto de rehabilitación, redactado por la UTE formada por los estudios ‘Paredes Pedrosa Arquitectos’ y ‘Contextos de Arquitectura y Urbanismo’, requerirá finalmente una inversión de casi 14 millones, y los trabajos deberán estar finiquitados en diciembre del próximo año para cumplir las exigencias de Bruselas, aunque la primera de las dos fases deberá estar lista en junio.
Un reto «muy complejo», como remarcan tanto el arquitecto responsable del diseño, Óscar Ares, como el director del servicio de Arquitectura y Vivienda del Ayuntamiento, Alberto Martín. «Ha sido y es complejo por su ubicación, por el acopio de materiales y porque era una ruina. A la vez que se desmontaban parte del edificio había que ir consolidando para evitar derrumbes», detallan. Además, la «sensibilidad» para recuperar partes históricas del inmueble ha permitido «salvar» la gran sala del siglo XIX (patio de butacas y palcos).
El nuevo diseño, que aprovecha la superficie construida de 6.050 metros cuadrados, se basa en la polivalencia. «Se ha concebido el edifico como una plaza interior porque la que transita de un espacio a otro, algo que se significará en el suelo», describe Ares.
Una vez superada una de las fases críticas, ya se vislumbra cómo serán los «tres espacios en uno», que podrán funcionar de manera simultánea o autónoma. Por un lado, está la gran sala, con un aforo de 501 plazas sentadas y 736 plazas para eventos de pie. «Se podrán quitar las butacas para acoger distintas propuestas y también cubrir el foso de la orquesta», remarcan. La rehabilitación incluye la ampliación de la torre escénica hasta una altura de 28 metros, a la que se incorporarán todas las estructuras necesarias para el posterior montaje de un peine escénico motorizado, así como las pasarelas técnicas inferiores, «apta para las escenografías futuras más exigentes».
Otro espacio nuevo será el bautizado María de Molina, que contará con una grada retráctil. «Está previsto que el 30 de junio de 2026 se entregue la obra de estos dos espacios».
En el segundo semestre concluirá el espacio denominado Veinte de Febrero, una sala polivalente, con acceso directo a la calle del mismo nombre. «En esta zona, en los sótanos, se han encontrado mucha arqueología porque se construyó sobre el antiguo convento de la Trinidad. Aunque no son grandes hallazgos están bajo seguimiento de Patrimonio y por eso va a otro ritmo», detalla Martín.
Elementos históricos.
Los elementos originales ornamentales del edificio histórico se están recuperando «con mimo». Así, una empresa especializada se encarga de restaurar el telón original del escenario. Y lo mismo se está haciendo con la decoración original del techo de la gran sala, que representa alegorías de la tragedia, la comedia, la música y el baile; y en él podría leerse los nombres de cuatro clásicos del teatro español: Calderón, Lope, Tirso y Alarcón. En breve, tras su restauración, se reimplantará. Un trabajo para el que será necesario la colocación de un gran andamio, que cubra el patio de butacas, para reintegrar estos ‘frescos’ a su ubicación original.
Busto de Lope
La gran transformación del teatro no se olvida de elementos clave de su historia. Así, en el proyecto se establece que en el vestíbulo principal se habilite una hornacina para acoger el busto en relieve del gran poeta y dramaturgo del siglo de Oro, Lope de Vega. Esta obra del escultor aragonés Ponciano Ponzano (autor, entre otras obras, de los leones que custodian la entrada al Congreso) originariamente decoraba el frontón de la fachada principal.
Esta pieza desapareció de ese espacio en la rehabilitación que se acometió en 1920. En ese momento fue reemplazado por un retrato en azulejería de Talavera que se conserva todavía hoy en día.