A propósito de la pandemia que estamos sufriendo ahora, a este anciano, ¡se le ocurren tantas cosas…! Pero es que uno no se atreve a decírselas a nadie, ni siquiera a los más íntimos porque quién me asegura a mí que muchas de ellas no son elucubraciones fantásticas que todo el mundo vaya a considerar que son paridas que solo se le ocurren a viejos ´acarajotados´ que carecen del más elemental sentido común. (Y permítanme, antes de seguir adelante, que les aclare eso del ´acarajotamiento´, porque es un término que no he visto que lo utilice nadie pero yo lo he usado en repetidas ocasiones, por ejemplo, en una de mis chirigotas o cuchufletas de la cual les facilitaré el enlace correspondiente para que tengan idea de qué dolencia es la que nos aqueja a los carcamales en cuestión. Para conocer este extremo bastará con que pinchen aquí y lean. Leído lo cual -si leído lo han- confío en que se hayan enterado. Si no, ¡qué se va a hacer!).
De cualquier forma, sean paridas o no y a pesar de que normalmente piense mi señoría que mejor es callar que no que te tomen por una víctima de una ´acarajotapatía senil´, es decir, a pesar de eso, yo me voy a saltar a la torera esa valla y les voy a contar, sin vergüenza, lo que se me está ocurriendo a mí a propósito de las situaciones que se nos presentan a los ancianos por culpa del coronavirus dichoso. Pero eso será en la próxima entrega, porque en ésta no quiero abusar robándoles más tiempo, ya que vuesarcedes podrían mandarme a hacer puñetas. ¿O no?
