Bien es cierto que ayer, decir, lo que se dice decir de las vacunas, aparte de nombrarlas en el título de la chirigota, no dije nada, porque como ya les conté tuve un episodio de esa otra enfermedad de la que con frecuencia soy víctima y entre unas cosas y otras, me enrollé y por eso, después del frontispicio, bla, bla, bla, y como ya estaba rebasando el límite temporal que mi señoría le atribuya a estas torturas a las que les vengo sometiendo a diario, pues… corté. Y como no quiero que en esta ocasión me vuelva a acontecer lo mismo, sin más ya voy al tema.
Como hasta los más imbéciles de vuesarcedes saben, en España se están inoculando vacunas contra la (o el, a ver qué dicen los lectores) Covid-19 de dos tipos: la de Pfizer-BioNTech y la Moderna. Hay muchos más, pero, aparte de los citados, los demás deben estar aún en fases de estudio, elaboración y sin el imprescindible visto bueno de la Administración para su uso. Estos procesos al parecer son muy laboriosos y aunque se prevé que va a haber vacunas de muchos tipos, de momento sólo se puede contar con las dos citadas, si bien en pocos días existirán también otras. De todas formas, no es nuestro propósito ofrecer aquí ningún estudio más o menos profundo acerca de la naturaleza del fármaco en cuestión, porque esto pueden encontrarlo en demasía, por ejemplo, en Google. Ahí les darán cientos o, mejor dicho, miles de páginas sobre este tema. Mi señoría de lo que va a ocuparse es de ofrecerles una serie de reflexiones que él, en sus ratos de ocio, ha hecho acerca de esta cuestión, y que pueden coincidir o no con las de vuesarcedes pero que en cualquier caso, sea una cosa u otra, convendría que igual que mi señoría les martiriza a vuesarcedes contándoles lo que piensa, vuesarcedes deben martirizarme a mí contándome lo que creen a propósito de lo que mi señoría diga. No se abstengan, por favor, de comentar lo que uno diga. Que no se pueden imaginar lo desinflado que se siento cuando parece que estoy hablando con… nadie, es decir, sin interlocutor. El 21 de diciembre del pasado año creo que fue cuando la Comisión Europea (CE o EC, da lo mismo) aprobó la citada vacuna de Pfizer–BioNTech para que se comercializase y se pudiese inocular con todas las de la ley. Después le ocurrió otro tanto a Moderna. La primera, o sea, la Pfizer se empezó a inyectar enseguida, de forma que precisamente hoy se le está poniendo la segunda dosis a los primeros que se vacunaron. Es decir, ésta segunda dosis se le está poniendo a los pacientes tres semanas (21 días) después de la primera. Sí, este evento coincidido ha con Filomena, otra desgracia que nos tiene ateridos con un frío polar, con quince o veinte centímetros de nieve en las calles de Madrid.
Así las cosas, la cuestión que uno quiere poner sobre la mesa es, en primer lugar, la de quiénes deben ser los primeros en recibir la vacuna. A juicio de las Comunidades, que creo que son las que parten el bacalao en esto, los ancianos que están en las residencias y las personas que cuidan de ellos. Afortunadamente en este caso parece que los viejos, esos a los que otrora, hace nueve o diez meses se les negaban las UCIs porque había que asignárselas a los más jóvenes, pues los ancianos ya, ¿para qué? Si esos ya estaban p´allá… ¿Quiénes se vacunarán a continuación de los ancianos que están en las residencias de mayores? Pues ya veremos a quiénes se decide que vayan a continuación. De todas formas, sea el grupo que sea, mi señoría lo que se plantea es que si a alguien que no quiera vacunarse, ¿van a obligarle a hacerlo? Y si le obligan, ¿podrá elegir la vacuna que quiere que le pongan de las que haya en ese momento ? Acerca de la determinación primera, es decir, lo de que en primer lugar se haya vacunado a los ancianos, el señor Fernández Vera, Presidente de Extremadura, médico él, parece que en algún momento dijo que estaba de acuerdo con que se empezara por los mayores porque así se vería cómo iba la cosa, si había algún contratiempo o no. Al parecer, no fue eso lo que dijo y de todas formas él ha aclarado después la cuestión y ha pedido perdón por haber hecho esas declaraciones. Mi señoría, sin embargo, se pregunta que hasta qué punto no puede haber sujetos que, bien porque la elaboración de estas vacunas se ha llevado a cabo con tanta rapidez, porque no hayan tenido tiempo de detectar eventuales efectos secundarios no deseados que puedan provocar, etc., ¿hasta qué punto se podría obligar a que se vacunara alguien que no quisiese hacerlo?
Otro aspecto a considerar es la velocidad con que se está acometiendo la vacunación. Creo que el propio ministro de Sanidad, Consumo y Bienestar Social (casi ´na´) ha dicho que ya se estaba alcanzando “la velocidad de crucero”, lo que hay que ver es a cuánto asciende esa velocidad, ¿no? Es verdad que estos últimos días algo se ha recuperado, pero hace como una semana, en una cuchufleta que pueden ver si pinchan aquí, en los cálculos que se dan se llega a la conclusión de que la inmunización de la totalidad de los españoles, es decir, la inmunidad de rebaño -si me lo permiten- se alcanzaría dentro de 13 años, o sea, en el 2034. Claro, como ´qui va piano va lontano´. ¿O no?
17-01-2021.
