Sí, la calle es mía. Soy un ciudadano español y copropietario de 1/46 millonésima parte de la superficie de este país que vive tiempos turbulentos.
La calle es de los ciudadanos, que tienen derecho a manifestarse a favor de sus demandas tras comunicarle a la autoridad cuándo y dónde.
Pero no puedo aceptar que haya manifestantes embozados y con piedras en sus mochilas que usen esa facultad ciudadana para violentar, herir o dañar a personas o bienes de todos nosotros.
Perseguirlos y condenarlos no es franquismo ni impedir el derecho de manifestación. Es preservar los derechos de todos…
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