En el mundo quedan tiranías religiosas como la de Arabia Saudita, una monarquía con voluntad misionera para la expansión mundial del islam.
Con lo que le abona Occidente por su petróleo paga la construcción de mezquitas y a gran número de imanes cuyo extremismo alimenta con frecuencia la yihad.
Por ejemplo, en la mezquina madrileña de la M-30, construida y sostenida por Arabia Saudita, la policía descubrió a mediados de diciembre una célula yihadista con quince miembros liderada por un expreso en Guantánamo: se citaban con poco secreto en la biblioteca y la cafetería coránicas…
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