Hace unos días se vieron unas imágenes de Bill Gates, el fundador de Microsoft y ahora filántropo, bebiendo agua que cinco minutos antes era excremento humano.
A su lado estaba Peter Janicki, el creador de la instalación que logró un milagro mayor que el de los alquimistas: convertir las heces en el oro del futuro, que será el agua.
Omniprocessor, el nombre de la máquina, se repetirá mucho después de que comience a funcionar este año la primera en Dakar, Senegal, para proveer de agua purísima a una población enferma por las aguas contaminadas.
Es admirable la dedicación filantrópica de algunos capitalistas, sobre todo los hechos a sí mismos a partir de cero…
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