Los medios informativos españoles le prestaron poca atención a la noticia de que el Estado francés presentó esta semana una demanda judicial pidiendo la disolución de una organización que quiere separar la región del Rosellón para unirla a la Cataluña que Artur Mas promete independizar.
Una de las democracias más antiguas del mundo y madre de muchas otras se enfrenta así al separatismo, que sospecha subvencionado desde Barcelona, para a poner fuera de la ley toda formación política que lo proponga.
Lo hace sin complejos. Frente a ello, es impensable que el Estado español pidiera –aunuque quizás podría conseguirlo legalmente– la disolución de ERC, la actual CiU o la de los independentistas de Euskadi.
El Comité para la Autodeterminación de la Catalunya del Norte…
Siga leyendo aquí y vea a SALAS
…
