El principal aliado de Franco en sus 36 años de dictadura fue la seguridad ciudadana, impuesta con un sistema político-judicial que, además de perseguir brutalmente la disidencia política, castigaba sin piedad los delitos comunes.
Luego, vinieron las alegrías legislativas de la democracia, en la que era obligatorio tolerarlo casi todo. La ideología y la política quedaron protegidas, pero la delincuencia común ganó también muchas libertades.
Por eso la sociedad ha ido pidiendo sanciones más duras, a las que la derecha puede satisfacer más fácilmente que una izquierda para la que siempre el criminal más abyecto es un buen salvaje rehabilitable, como impone ingenuamente la Constitución.
El Parlamento, controlado por el PP, acaba de aprobar cinco normas que pretenden incrementar el orden público y controlar a los partidos políticos.
Dos de ellas son el nuevo Código Penal, que incluye la prisión permanente revisable, tan solicitada…
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