La reacción del nacionalismo catalán ante los 150 muertos provocados la semana pasada por el copiloto loco de Germanwings al lanzar su avión sobre los Alpes muestra a qué extremos de ridiculez, iniquidad y desagradecimiento pueden llegar quienes poseen tal ideología como motor principal de todo pensamiento y sentimiento.
Las voces más celosas del separatismo mostraron realmente poco interés en la tragedia más allá de que Artur Mas se presentara cerca de donde ocurrió para tratar de colocarse a codazos, sin éxito, junto a Angela Merkel, François Holande y Mariano Rajoy.
Los independentistas, con el apoyo de la Generalidad, que promete enmendar la afrenta poniendo un nuevo monolito, protestaron contra el alcalde de Seyne-les-Alpes, ayuntamiento donde se estrelló el avión, porque el que él colocó en homenaje a los fallecidos no está en catalán, y sí en francés, alemán, español e inglés.
Francis Hermitte, alcalde de 1.419 habitantes, quiso recordarlos en el idioma del territorio y los principales de la mayoría de los viajeros, aunque había catorce nacionalidades, algunas que usan alfabetos diferentes…
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