Todos hemos visto las imágenes de grandes ceremonias anuales chiitas, la última y más importante el 12 de noviembre en Kerbala, Irak, en las que los fieles, incluyendo niños, se golpean con látigos terminados en cuchillas y cadenas y gimen de placer físico masoquista y dolor místico al desgarrarse y perder la sangre que les brota a borbotones y deja rojizos los caminos.
Maravilla esta ceremonia de la Ashura con la que millones de fieles recuerdan la muerte del imán Hussein, nieto de Mahoma, en una guerra por el control del islam en el año 680 DC, y que inició la guerra perenne entre chiitas y sunitas, como la de ahora.
El rito lo han extendido los chiitas por el mundo, y hasta los neoyorquinos han visto a decenas de ellos repetir la cruenta ceremonia cerca de Wall Street, donde alguno de los mártires opera como bróker.
Pero nadie debería asombrarse en España: aquí hay ceremonias parecidas –que quizás inspiraron a los musulmanes, mucho más tardíos que los cristianos–, aunque…
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