Al llegar al poder hace ahora once años José Luis Rodríguez Zapatero nombró ministro de Justicia a un catedrático de Derecho y conocido feminista, Juan Fernando López Aguilar, cuya primera medida fue elaborar una Ley contra la violencia de género por la que cualquier mujer podía enviar al calabozo a un hombre denunciándolo sin pruebas.
Ahora, como el exorcista que resulta víctima del demonio en el sueño quevedesco del “Alguacil alguacilado”, el hoy eurodiputado López Aguilar sufre su propia medicina: una denuncia por malos tratos de sus vecinos y la familia de su exmujer que le ha obligado a renunciar provisionalmente a la militancia en el PSOE, y quizás a su carrera política.
Ahora resulta uno más entre decenas de millares de hombres que quizás falsamente acusados, como dice serlo él, han pasado similar trámite, aunque muchas veces nadie los libró de alguna noche en prisión, la vergüenza, la pérdida del trabajo, de los hijos y de sus bienes.
Esto no quiere decir que no haya hombres maltratadores. Hay muchos…
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