El regreso de LaLiga después del parón navideño dejó al Atlético de Madrid atrapado en sus viejos fantasmas. En Anoeta, ante una Real Sociedad con nuevo técnico y aire fresco, los del ‘Cholo’ volvieron a mostrar su versión más frágil fuera de casa. El empate (1-1) supo a poco, o a demasiado, según se mire: a poco por el nivel del rival, demasiado por lo que exhibió el cuadro rojiblanco.
El duelo arrancó con empuje local y desorden madrileño. Matarazzo colocó un 4-4-2 intenso y atrevido, con Kubo y Guedes convertidos en interiores de presión alta. El japonés fue un tormento para Ruggeri desde el inicio, y Oyarzabal avisó con un par de llegadas que obligaron a Oblak a entrar en calor. Giuliano Álvarez, por su parte, alternó destellos y errores en un primer tiempo de ida y vuelta sin dueño.
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— Atlético de Madrid (@Atleti) January 4, 2026
La primera polémica llegó antes del descanso. Una pérdida tonta de Barrios desencadenó un festival de despistes culminado en el autogol de Sorloth. El estadio estalló, pero el VAR congeló la fiesta: Brais Méndez, en fuera de juego, había interferido en la acción. Empate a nada, alivio visitante, y bronca en la grada.
La segunda parte pareció darle la razón a Simeone… por un instante. Giuliano se inventó una carrera de genio para servir un pase perfecto a Sorloth, que redimió su error marcando el 0-1. Parecía el inicio de la reacción colchonera, pero la alegría duró un suspiro. Gallagher perdonó el segundo, y la Real castigó la lenidad atlética en la jugada siguiente: Kubo destrozó la banda derecha, centró al corazón del área, y Guedes rubricó el empate con autoridad.
A partir de ahí, el Atlético se diluyó. Simeone agitó el banquillo, pero el equipo no respondió. Griezmann falló la suya con una frivolidad incomprensible, y Oblak —otra vez— tuvo que multiplicarse para evitar la derrota. La Real apretó hasta el final con llegadas de Turrientes, Brais y el propio Soler, pero el marcador no volvió a moverse.
Anoeta despidió el partido con sensaciones opuestas: los locales celebraron una mejoría clara bajo Matarazzo, y el Atlético se marchó preocupado. Porque más allá del punto, lo preocupante fue lo de siempre: que fuera de casa, los de Simeone no logran parecerse a sí mismos.

