Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Pero, Hacienda realmente… ¿Cuantos somos?

 

Tantos años escuchando aquello de que Hacienda somos todos, y ahora, una abogada del Estado dice que eso solo se trata de un reclamo publicitario, lo cual nos lleva a varias consideraciones. La primera es que cada uno de los gobiernos habidos desde años atrás, manteniendo tal continuado mantra, nos ha estado engañando con publicidad engañosa, lo cual puede suponer un delito de estafa al consumidor, al ciudadano o a los pringaos que así lo habíamos entendido siempre. La segunda es el tener que considerar que hasta ahora veníamos haciendo una lectura equivocada del artículo 31.1 de la Constitución cuando dice:

“Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.”

El tercero nos lleva a preguntarnos que si no somos todos, ¿cuántos y quienes somos Hacienda?, ¿Quienes no lo son y porqué?.

La primera reacción al escuchar tamaña aseveración es generalmente de indignación, de pedir su cabeza, de separarla de su cargo, aunque profundizando algo más en el asunto, nos lleva a pensar que quizá tenga razón la abogada del Estado y Hacienda realmente no seamos todos, o al menos en la medida teórica que propone nuestra Constitución. Veamos.

Nuestra Constitución nos dice que si, que somos todos y cada uno, en la medida en que mejor pueda contribuir, lo que nos lleva a la situación que nadie entiende cuando de favorecer determinados asuntos se trata, pero que casi todos los que tenemos ingresos mas o menos escasos entendemos perfectamente, lo que no es otra cosa que el principio de justicia de que no hay que tratar a todo el mundo igual, sino tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales, así unos no pagan impuestos directos (porque no pueden), otros un determinado porcentaje, y los mas favorecidos el más alto porcentaje establecido, casos en los que la justicia no se mide por la igualdad de trato, sino por la supuesta igualdad de sacrificio tributario, algo que, repito, entendemos perfectamente cuando se le aplica a los “ricos” y sin embargo no entendemos que en una autopista se debería multar a un Panda a 130 km/hora, con una capacidad de freno reducida, y no hacerlo con un Ferrari, que frena, a esa velocidad, en la quinta parte de distancia que lo hace el Panda, lo que supone un peligro infinitamente menor. Desgraciadamente, el sentimiento siempre puede sobre la razón, y lo primero se entiende porque grava a los ricos, mientras que lo segundo no porque les favorece, aunque ambos se rigen por el mismo criterio de justicia: igualdad para los iguales y desigualdad para los desiguales, en aras de la igualdad proporcional, que es de lo que se trata.

Dejando esto claro, veamos ahora si las diferencias de trato en cuanto a las obligaciones con Hacienda son proporcionales o no en España, diga lo que diga la Constitución y realmente el mensaje publicitario es solo eso en la práctica, un mensaje publicitario.

Pocos saben lo que es una SICAV. Se trata de un instrumento de inversión colectiva para un mínimo de 100 inversores. Se constituye como una Sociedad Anónima para invertir en distintos activos financieros entre otros participaciones en bolsa. La principal ventaja que ha hecho que todos los grandes patrimonios opten por la creación de una SICAV, es que tiene unas importantes ventajas fiscales, de forma que las SICAV tributan al 1% en el impuesto sobre sociedades. De esta forma, cuando la gestión otorga grandes beneficios a sus propietarios, tributan al 1%, mientras si eres un pobre particular, tributarás a Hacienda por tu marginal, o si eres otro tipo de empresa tributarás al 35%. Se entiende así porque los ricos españoles utilizan las SICAV para manejar su riqueza, porque pagan muchísimo menos a Hacienda y así reparten menos de la tarta que se llevan. Se dice que ello es debido al temor de que esos ricos, abrumados por los impuestos, se harten y no acaben invirtiendo en otros lares, disculpa y motivo no contemplado en la Constitución. Por otra parte, ¿de que se alimentan los partidos políticos, cada uno según su clientela, que huyen escandalosamente cuando de abolir tal prerrogativa se trata?

Impuesto sobre el Patrimonio. Aunque la Constitución nos hace iguales a todos los españoles, sin distinción de ningún tipo, según donde residas pagarás mayores o menores impuestos por tu tenencia de bienes, sin argumento alguno que justifique igualdad en tu sacrificio de contribución por ello.

Impuesto sobre sucesiones. Vale exactamente lo dicho para el impuesto sobre el Patrimonio.

Comunidades forales Vasca y Navarra. Contribuyen en muy distinta medida al sustento del Estado, de manera que los que no somos ni vascos ni navarros hayamos de contribuir al sostenimiento del Estado en bastante mayor medida.

Otro tipo de impuestos sobre materias cuya competencia ha sido trasladada a las Comunidades. Ahí el asunto aun se complica mucho más, ya que algunas van desde la exención hasta el pago exagerado de impuestos.

Los impuestos indirectos, pues sobre ellos no rige el principio de igualdad de sacrificio fiscal, sino que se aplica la igualdad pura y dura, de forma que los enormes impuestos sobre la gasolina son igualmente soportados por pobres como por ricos. Sorprendentemente para un impuesto vale un criterio y para otro el contrario, cuando si se permitiera la desgravación por consumo inversamente proporcional a los ingresos, con facturas de cantidad superior a 10 euros, se aplicaría para ambos el mandato constitucional y se conseguiría además aflorar la mayor parte de la ingente cantidad de dinero negro que acumulamos.

Finalmente lo mas escandaloso, la amnistía fiscal, una enorme bofetada a toda la ciudadanía propiciada por el actual gobierno y que solo ha beneficiado, no solo a los que más tienen, sino a los que mas defraudan, algo absolutamente inconstitucional y … aquí no ha pasado nada.

Realmente, ¿Hacienda somos todos, es simplemente una coña constitucional, o es que nuestros sucesivos gobiernos se han pasado, y se siguen pasando, la Constitución por el arco de triunfo?.

Se ha hablado también sobre la mayor o menor culpabilidad del típico caso de la mujer que firma lo que le dice el marido (el caso contrario de momento es mas raro) sin saber para nada lo que firma, alegando casi siempre su condición de ignorante sobre la materia, lo cual parece que en general no cuela aunque pueda tener algún atenuante, cosa que no procedería aplicar cuando de firmantes ilustrados se trata.

También se ha hablado de la conocida doctrina Botín, un invento en su momento, para exonerar al mayor banquero español de una canallada económica de tomo y lomo. Según tal “doctrina” si alguien te acusa de algo pero ni el ministerio fiscal ni el supuesto perjudicado lo hacen, no hay caso, aunque realmente seas culpable de la mayor barbaridad. Aquí y hablando del caso de la infanta, nadie sabe porque no acusa el ministerio fiscal en representación de Hacienda, esos que si eres un asalariado o un pequeño comerciante te crucifican si se te escapa un euro en tu declaración, mientras al parecer se intenta demostrar que si el perjudicado es Hacienda, aunque quien acuse sea un grupo que trata de evitar la corrupción, no hay caso, ya que lo de Hacienda somos todos… no es mas que un reclamo publicitario, por lo que según eso ¿quién es el perjudicado?. Recordemos que ya dijo aquella ministra, haciendo gala de aquello de que en democracia cualquiera puede llegar a lo mas alto, que lo publico no era de nadie…

Bueno, si al final se exonera a la infanta, resultará probado que Hacienda no somos todos, que puedes ser rematadamente tonta y con ello no tener responsabilidades, aunque tengas todas las carreras que quieras y que ello es válido para unos pero no para otros, que el Estado de Derecho que al final nos hemos dado para salvar a personajes como Botín, Pujol, la cúpula del PP, la del PSOE andaluz, la de CiU, la infanta y algún otro, funciona para eso, y que por supuesto, lo de que Hacienda somos todos, no deja de ser un engañabobos por muy explicita que sea una Constitución que en las alturas, ya muy pocos respetan, pues entre otras consideraciones el propio TC nombrado por los partidos políticos (una aberración), nunca ha perseguido los incumplimientos con la Constitución por propia iniciativa, aunque sean evidentes tales incumplimientos, que todos lamentamos, por parte de los principales partidos políticos.

¿Tiene razón la abogada del Estado?. A veces no se trata tanto de cambiar la Constitución, que también, como de cumplirla.

Si, Hacienda somos la inmensa mayoría, cierto… pero no todos.

 

 

 

 

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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