Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Regeneración política: Sánchez y Rajoy, !Váyanse ya!

 

En España hay una actividad que tiene bula por encima de cualquier otra: el fútbol. Ir contra el fútbol es ir contra la identidad nacional, contra las esencias patrias, contra los intereses del ocio de los españoles, contra los sentimientos y contra tantas otras cosas que España, en su conjunto, no lo permite, así alcaldes, presidentes de Diputación y políticos de todo cariz no solo no ponen limites a la cordura, sino que incluso lo fomentan e invierten cantidades de dinero público en ampliaciones, reformas e incluso en la creación de nuevos estadios, gran parte de las veces no necesarios. El caso concreto de Vigo, con el estadio municipal de Balaidos, huérfano de mantenimiento desde hace más de 30 años (el mantenimiento no da votos) pero sin necesidad objetiva alguna de la urgente reforma que se está llevando a cabo, en el que colaboran Ayuntamiento (para el alcalde es una ¡inversión prioritaria! para la ciudad), Diputación, Zona Franca, etc., es paradigmático.

Los clubes, en su afán por estar en lo más alto de la tabla, gastan cantidades ingentes y escandalosas de dinero en fichajes que la mayor parte de las veces, o no pueden pagar, o les dejan endeudados para los restos, con lo que finalmente deben salir a flote con ingresos extras que ya nada tienen que ver con los tradicionales de taquilla y de socios, pues ahora el grueso de tales ingresos está en la televisión, ayudas oficiales, recalificaciones de terrenos, publicidad, especulación galopante en la venta de camisetas, mangoneos en la contabilidad, etc. y aquí no pasa nada, ya que “hoy por ti, mañana por mi”, entre bomberos no se pisan la manguera.

Hoy hay clubes que pagan a otros para que un futbolista vista una camiseta en lugar de otra y todo ello por el precio de un hospital, de una universidad, de un parque de bomberos, o de cualquier servicio imprescindible para la sociedad, y todo ello con el aplauso de esa sociedad a la que se le niegan esos servicios que la administración no puede costear.

Con los partidos políticos pasa algo parecido, pues con los ingresos por cuotas de afiliados no se llega ni a financiar el 10% de los enormes gastos en los que se han metido los partidos, quienes no necesitan fichar a nadie, pero si hacer crecer su organización a los efectos de tocar gobierno. El problema es que en este campo, los ingresos por televisión, por recalificaciones de terrenos, por adjudicaciones de obras, por concesiones de servicios, por licencias de todo tipo, por publicidad, por mangoneos de la contabilidad, etc. no están ni permitidos ni tolerados, al menos oficialmente, pero sin embargo, no solo son absolutamente necesarios para subsistir y para aspirar a ganar al contrario, sino que hasta hace muy poco eran ignorados, no controlados, prácticamente tolerados, e incluso admitidos en el inconsciente colectivo.

Hoy las cosas están empezando a cambiar y lo que para los partidos tradicionales era lo normal, les coge ahora con el paso cambiado. Hasta ahora, todo el mundo que podía, dentro del partido, recaudaba para la causa detrayendo una parte para el recaudador en la mayor parte de los casos, lo que influía en la confección de las listas, en la adjudicación de cargos e incluso en la consideración interna en el normal funcionar del partido.

Hoy, sin embargo las denuncias se suceden y defenestrados o ignorados merecedores de más altos honores, conocedores de los entresijos internos, denuncian abiertamente, o a través de testaferros, ya sea en los juzgados o ante los medios, las distintas tropelías que incluso a veces ayudaron a perpetrar, también lo hacen enemigos políticos, funcionarios utilizados y abandonados a su suerte, otros dolidos por la eliminación de sus pagas extraordinarias, etc., siendo ya legión los que se sienten con motivos suficientes como para enchiquerar a quienes durante tantos años, y con tanto desparpajo, nos han estado chuleando en pos incluso de la solemne hipocresía de contarnos que eran nuestros representantes.

Hace unos años fueron los sindicatos, quienes hoy han perdido enorme protagonismo en la vida tanto política como laboral en el país, y ahora les está tocando a los dos grandes partidos, con un lastre de corrupción a sus espaldas, que en cualquier país europeo medianamente serio hubiera ya supuesto su absoluta desaparición.

Amén de otras muchas barbaridades, los del PSOE en Andalucía y los del PP en Valencia, por mucho empeño que intenten ponerle los capos de la cosa, alegando que se trata de casos aislados, de personas, de situaciones ajenas a los partidos etc., ya no cuela, pues está meridianamente claro, si no para tantos jueces eternizados en el procedimiento, si para el ciudadano de la calle, el dueño del voto, el que los ha puesto ahí, que se trata, no solo de enriquecimientos personales, sino del sustento puro y duro de los partidos, de una trama institucionalizada en la que al igual que ocurre en las películas con la CIA, con el Pentágono, o con la central de espionaje de turno, la consigna es: tu mata, intriga o espía, que si te cogen lo negaré todo, te abandonaré a tu suerte, e incluso facilitaré la soga para que te ahorquen y tu aguanta, luego, ya veremos…

Es absolutamente imprescindible una revolución cruenta en los partidos políticos, en todos, un giro copernicano en su proceder. Hoy ningún partido, NINGUNO, y lo digo con conocimiento de causa, es constitucional en el sentido de disponer de una organización interna democrática, ni de un control real externo de sus finanzas. La organización interna de los partidos políticos en España, sobre todo de los tradicionales, es absolutamente similar a cualquier organización mafiosa, con independencia de que también haya gente de buena voluntad, aunque eso si, con la nariz tapada, absolutamente en la inopia, o calladito por ocupación de carguete, ya que si no es así no se entiende.

Transparencia Internacional acaba de publicar su Índice de Percepción de la Corrupción, dando a España el peor resultado de su historia, acusando a los partidos políticos de corrupción “generalizada”, sobre todo en materia de contrataciones, advirtiendo que se reducen los espacios de la sociedad civil y la democracia. En este sentido se incumple mayoritariamente la obligación legal de que las Administraciones publiquen sus contratos y licitaciones en la Plataforma de Contratación del Sector Público, obligación que mayoritariamente incumplen, tanto ayuntamientos como Diputaciones, Comunidades Autónomas e incluso el Senado. Aquí se pasan la ley por el arco de triunfo tanto la Comunidad gallega, como las distintas diputaciones, como la ciudad de Vigo, regidas todas por los partidos mayoritarios, no así curiosamente Pontevedra, regido por un partido minoritario (BNG).

Como dato decir que sobre un índice de 100 o de máxima limpieza, el primer puesto mundial lo ocupa Dinamarca (91/100), seguido de Finlandia, Suecia, Nueva Zelanda, Holanda, Noruega, Suiza…, los países serios. En el nº 36º y a su vez 18º europeo, España (58/100).

Hoy además, la situación, tras las últimas elecciones y consecuencia de lo apuntado, es caótica para España.

Nos encontramos ante tres posibles soluciones. La primera es la de volver a repetir las elecciones, lo que supone un fracaso general para la clase política, incapaz de ponerse de acuerdo en materializar un resultado que exigía generosidad, renuncia y pacto, algo que choca frontalmente con las ambiciones personales de los distintos capos de cada mafia.

Otra posibilidad es la alianza de izquierdas que pretende Pedro Sánchez (el peor resultado de la reciente historia del socialismo en España), con todo tipo de personajes, con los que se encuentra enfrentado, de variopintos pelajes, exigencias, sensibilidades, etc. en donde Podemos incluso, antes de formular un acuerdo de gobierno basado en un programa, ha llegado a repartirse ya los ministerios, evidenciando la falsedad de su mensaje, ya que de todos los ministerios que requiere para si, no hay ninguno de tipo social, ninguno que represente las exigencias de cambio social que han preconizado a lo largo de la campaña electoral. Por otro lado, con una mayoría parlamentaria que acabaría discutiéndolo todo internamente, dando como resultado leyes pintorescas de lo mas contradictorio, y otra mayoría absoluta contraria en el Senado, por parte del PP, que acabaría petardeándolo todo, ¿a dónde vamos?.

Finalmente la llamada gran coalición, apoyada por Ciudadanos para formar un pacto con los dos grandes partidos, a quienes ha culpado siempre (con razón) de todos los males del país, aunque pactando antes un programa de gobierno y quedándose fuera, solución que aunque contra natura, es la menos mala de las tres.

¿Cuál es el problema real?. El de siempre, el deducible de la organización interna de los partidos, en los que cada familia que aspira al poder interno tiene un capo incapaz de someter su designación a un proceso democrático real y generoso con la situación, tanto de su partido como del país. Está claro que si en lugar de Sánchez y sobre todo en lugar de Rajoy, fueran otros los líderes de sus partidos, la gran coalición tendría otras posibilidades de materializarse, mucho mas reales.

Por un lado un Sánchez de políticas erráticas en las que un día dice una cosa y otro otra, que hoy está con unos y mañana con otros, que tiene a su partido dividido, que nadie conoce su programa de gobierno pero que lo único que parece que tiene claro es una obsesión por gobernar por encima de todo, de todos, y de lo que sea aunque haya cosechado para los socialistas españoles el peor resultado nunca alcanzado.

Por otro un Rajoy que está en el más bajo escalón de estimación popular que se haya registrado, que piensa que los votos al partido popular lo son a su persona, que no toma decisiones, que todo lo deja al pairo, que no comunica, que ejerce su liderazgo interno desde una concepción absolutamente dictatorial, que se ha pasado la legislatura sin dar explicación alguna al ciudadano, que ha burlado y ninguneado a la prensa, que ha mentido hasta la saciedad, que piensa que lo único importante es la macroeconomía e ignora absolutamente todo lo que huela a bienestar social, que se ha vendido a los bancos en detrimento de todo y de todos, que ha maltratado a los funcionarios, que no se responsabiliza de nada de lo censurable en su partido, que pretende seguir en el machito contra viento y marea, que es incapaz de un gesto de generosidad y responsabilidad en el liderazgo, etc.

Pero, ¿alguien piensa que se puede llegar a algo en bien de España con estos dos?. ¡Váyanse, señores!

Estamos a tiempo. Un PP con Soraya al frente, un PSOE con Susana y un Ciudadanos con Albert, encerrados discutiendo un programa común. Llegados a un acuerdo de mínimos sobre una política de gobierno de urgencia, con cambios en la Constitución perfectamente consensuados, ¿qué impediría un acuerdo de formar un gobierno por dos años, dejándolo en manos de un nuevo PP, las presidencias de Congreso y Senado en manos de un nuevo PSOE, una entidad de control y coordinación de los acuerdos en manos de Ciudadanos y la oposición para Podemos, para cumplido el plazo convocar nuevas elecciones?

En esas condiciones, con generosidad y renunciando todos a sus propios egos en bien de España, ¿no vamos a ser capaces de ponernos de acuerdo?

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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