El ser humano tiene una capacidad de manipulación, a través de tergiversarlo todo, extraordinaria, ya sea a partir de la palabra escrita o transmitida oralmente, en función siempre de sus intereses, querencias, afinidades, o en sentido negativo, de todo lo contrario.
Hoy mismo, y de un día para otro, cualquier manifestación llevada a cabo por el político de turno, es trasladada al papel en cada periódico en función de destacar positivamente aquello que vaya en su linea, silenciando el resto o dándole un matiz que pueda, conscientemente, llamar a engaño. Quienes tenemos el habito de leer distintas publicaciones, constatamos a diario que de unas palabras concretas pronunciadas por el protagonista de la noticia, se derivan múltiples interpretaciones, gran parte de las veces incluso contradictorias, desde quien entiende a su manera lo dicho, hasta quien hace una interpretación parcial de lo que no se dijo pero podía haberse dicho, encontrando siempre un significado que destacar por encima de todo, a veces con mayor protagonismo de lo que no se dijo sobre lo que claramente se manifestó, haciendo bueno el dicho gallego de: “al revés te lo digo para que lo entiendas” (!casi nada!).
Si esto ocurre con lo claramente manifestado y registrado a partir de profesionales de la comunicación, imaginemos que puede suceder si se trata de transmitir, ya no lo escrito o registrado, sino simplemente lo que alguien nos contara que alguien hubiera dicho en su momento sobre algo más o menos complejo.
Valga de ejemplo el conocido chiste de Eugenio sobre las ordenes del coronel a propósito de un anunciado eclipse:
Un día en el cuartel, el coronel dice al comandante: Mañana a las nueve y media habrá un eclipse de sol, hecho que no ocurre todos los días. Que formen todos los soldados en traje de campaña para presenciar el fenómeno; yo les daré las explicaciones necesarias. En caso de que llueva, que formen en el gimnasio.
El comandante, se va y transmite la orden al capitán: Por orden del señor coronel, mañana a las 9 y media habrá un eclipse de sol. Según el señor coronel, si llueve no se verá nada; entonces en traje de campaña, el eclipse tendrá lugar en el gimnasio; hecho que no ocurre todos los días.
El capitán da la orden al teniente y le dice: Por orden del señor coronel, mañana a las 9 y media en traje de campaña, inauguración del eclipse de sol en el gimnasio. El señor coronel dará las órdenes oportunas de si debe llover, hecho que no ocurre todos los días. Si hace buen tiempo y no llueve, el eclipse tendrá lugar en el patio.
El teniente va al sargento y le dice: Mañana a las 9 y media, por orden del señor coronel, lloverá en el patio del cuartel. El señor coronel en traje de campaña, dará las órdenes en el gimnasio, hecho que no ocurre todos los días, para que el eclipse se celebre en el patio.
El sargento le dice al cabo: Mañana a las nueve y media tendrá lugar el eclipse del señor coronel en traje de campaña por efecto del sol. Si llueve en el gimnasio, hecho que no ocurre todos los días, se saldrá al patio.
El cabo reúne a los soldados y les dice: Mañana a eso de las nueve y media, parece ser que el sol, en traje de campaña eclipsará al señor coronel en el gimnasio ¡lástima que esto no ocurra todos los días!
Esto es una exageración, por supuesto, Pero, ¿que ocurriría si el mensaje fuera transmitido oralmente a lo largo de varios años, por distintas personas y tratándose de un contenido por el que los transmitentes tuvieran un evidente interés partidista, o vivieran de ello?. ¿Se parecería en algo al original?.
Hoy las cámaras lo registran todo y un mensaje grabado, aunque transcurran muchos años, siempre puede ser transmitido al pie de la letra del original, pero eso no siempre fue así, sino todo lo contrario. Años atrás ni podía almacenarse la palabra ni menos la imagen, siendo únicamente lo impreso la única vía de transmisión, con el riesgo de que quien lo hubiera publicado hubiera o no transmitido correctamente lo manifestado, algo que se complica todavía más si retrocedemos en el tiempo, cuando todavía no se había inventado la imprenta y solo escritos originales transmitían de uno a otro las noticias o acontecimientos a destacar. Si todavía retrocedemos algo más, cuando el analfabetismo era prácticamente generalizado, los historiadores contados con los dedos de una mano, y los acontecimientos que no tuvieran gran importancia en el momento ni siquiera se recogían, el asunto se complica sobremanera.
Sin ir más lejos, en nuestra historia reciente, entre los años 1940 y 1975 nada se transmitió a la generación que entonces estaba en edad de aprender (la mía concretamente), sobre lo bueno que pudiera haberse producido con la república, que a ojos de todos había sido una época nefasta para España. Entre 1975 y hoy mismo, nada bueno se transmitió ni se transmite a las generaciones actuales, sobre lo bueno que pudiera haberse producido con la dictadura, que a ojos de todos parece haber sido una época también nefasta para España, aunque hoy se le transmita a las nuevas generaciones una visión radicalmente distinta sobre la república que la ofrecida cuarenta años atrás, y quizá dentro de otros cuarenta años se glosen los buenos oficios de una España sometida a una dictadura.
La visión de una época u otra es radicalmente distinta según quien la juzgue, en que época y desde que visión interesada sobre el particular, y eso que hablamos de hechos ocurridos hace menos de un siglo, bastante documentada por historiadores de signos y sensibilidades bien distintas, de tal manera que si alguien se documenta exclusivamente desde un bando puede tener una versión de la historia radicalmente distinta que si su documentación procede del bando contrario, y ya no digamos si de lo escrito y documentado nos pasamos a la transmisión oral sobre el particular, algo terrible si la historia hubiera que transmitirse exclusivamente por esa via, como ocurría hace siglos.
Para unos, la república hubiera sido un mundo idílico donde todo funcionaba a las mil maravillas y el pueblo era inmensamente feliz, en un estado de nirvana solo roto por el diabólico dictador quien acabó con todo un estado de bienestar llevando al pueblo a la desgracia. Para otros la república era un caos invisible donde la inseguridad era lo habitual, los asesinatos, el descontrol, la injusticia, eran moneda de cambio, solo roto todo ello por la liberación del pueblo que supuso la intervención del dictador, quien devolvió al pais a la seguridad, al orden, a la justicia en definitiva.
¿Que hay de cierto en todo ello? Quizá todo y nada al mismo tiempo o… como diríamos en Galicia, depende.
Y, ¿que ocurre cuando bebemos en la tradición oral sobre el particular?. Ahí solo encontramos versiones absolutamente contradictorias, interesadas, la mayor parte de las veces exageradas y a veces absolutamente inciertas, pero siempre parciales y transmisoras de casos concretos y muy cercanos a quien las transmite, que con el tiempo incluso se van haciendo más épicas en su narración, con abundantes aportaciones de heroicidad y malicia según del lado al que se refieran, con continuas correcciones, añadidos y borrados según vaya interesando magnificar o acallar ciertos matices.
Si ahora nos trasladamos a cerca de dos mil años atrás, a una Judea y Galilea de religión judía, ocupadas y dominadas por los romanos, sin más historiador medianamente fiable sobre el pueblo judío de entonces que Flavio Josefo, quien solo mencionó a Jesús una sola vez y como hermano de Santiago, el que tomó el testigo de sus enseñanzas en Jerusalem tras su muerte, que entonces sus seguidores no sobrepasaban la centena, que ni Jesús ni aquellos primeros seguidores dejaron nada escrito, que toda la transmisión sobre el conocimiento del personaje fue oral, que quien primero escribió sobre él fue Saulo de Tarso (el autotitulado apóstol Pablo), quien no llegó a conocerlo, pero que su peculiar y particular interpretación del personaje fue la que finalmente triunfó, modelando su figura para su posterior glorificación, el asunto ya prometía.
Si añadimos que posteriormente aparecieron multitud de “evangelios” sobre la vida y obra del personaje, para finalmente en el Concilio de Nicea, ya en el siglo IV, convocado por Constantino para elaborar y establecer las bases del cristianismo, pasados ya cerca de trescientos años, acabar dando por buenos únicamente los cuatro evangelios llamados canónicos, todos ellos de autores desconocidos, aunque adjudicados a seguidores más o menos directos, escritos entre los años 50 y 120 d.C. por seguidores de la iglesia de Pablo, rechazando por tanto a todos los llamados apócrifos, el asunto continua por cauces de lo más pintoresco y en buena parte ajenos al verdadero sentir del personaje de fondo.
Tanto es así que si nos centramos en que, a la hora de describir la parte fundamental de la religión Paulina, la resurrección antes que su mensaje, tanto las versiones que sobre el particular dan los cuatro canónicos (Marcos, Mateo, Lucas y Juan) como las de los apócrifos que tratan sobre el particular (Pedro, Nicodemo, Bartolomé y Bernabé), en nada se ponen de acuerdo, siendo todas ellas versiones distintas, con grandes contradicciones entre algunos, con distintos protagonistas, hechos y lugares, hasta el punto en que Bernabé llega a negar la crucifixión de Jesús, alegando que se trata de Judas y no de Jesús quien finalmente fue crucificado, el asunto ya alcanza cotas de incertidumbre inalcanzables, sobre todo cuando ningún historiador de la época relata absolutamente nada sobre el particular.
Otro de los pilares, en la sociedad asentadamente machista de entonces, la supuesta virginidad de María (!como si lo de la virginidad fuera importante!) ya aparece en la historia a través de Orígenes, quien en 232 sostiene la virginidad perpetua en contraposición a los propios evangelios, cuando citan a los hermanos de Jesús, o bien en el Concilio de Letrán en 649, a través del papa Martín I, quien sostiene que engendró sin mediación de semen (¿que coño sabía Martín I sobre el particular?), o ya definitivamente a partir de la bula dogmática Ineffabilis Deus, de Pio IX en 1854, donde se proclama oficialmente la virginidad de María como dogma de fe. Pero, ¿cual es el origen de todo según tales escritos de parte?. Una joven judía que estando prometida se queda embarazada, aunque no de su prometido, quien al enterarse está dispuesto a romper la relación, aunque no quiere denunciarla (el castigo era la lapidación para ella y la vergüenza para él). ¿Como se presenta el asunto?. Poco más o menos de forma en que la joven asegura que se le apareció “un angel” que fue quien la dejó encinta, mientras el prometido asegura que otro angel, en sueños, se le apareció y le aseguró que ello era cierto. Eso finalmente lo transcriben autores que ni conocieron a los protagonistas, ni al angel en cuestión, ni existe prueba histórica que lo justifique, ni siquiera tradición oral conocida, ni evidencia alguna, ni posibilidad física de que ello se produzca, y todo ello medio siglo después de los supuestos hechos, dando un evangelista el relato de la supuesta virgen, y otro el del no supuesto padre, y todo ello para hacer que se cumpliera una profecía judía que anunciaba que el mesías nacería de una mujer joven (mal traducido “virgen”), cuando lo lógico, en lugar de tamaña peripecia, es que se tratara de un matrimonio normal, con hijos como todos los demás (así lo aseguran además los propios evangelios) sin ángeles de por medio, ni sueños, ni adulteras, ni engañados.
La transmisión oral no amparada en hechos históricos, objetivamente referenciados documentalmente, y por tanto no demostrables, sobre todo cuando del relato de fenómenos sobrenaturales o estrafalarios se refiere, forma parte de lo que académicamente se conoce como mitos o leyendas, de gran poder y arraigo popular, pero sin carga histórica seria alguna a la hora de certificar un hecho cierto, aun a pesar de que años después de acaecer los supuestos hechos, documentos de parte, con versiones más o menos contradictorias, recogidas oralmente de forma consensuada en recopilaciones urdidas en siglos posteriores, en aras de manipulaciones trascendentes, traten de darle un carácter más o menos histórico.
La historia es algo bastante más serio que la variopinta recopilación oral, ya sea en materia política, religiosa, social, o de cualquier otra materia que requiera un relato acorde con los supuestos hechos a tratar.
No obstante, aunque ello sea así, nada como la fantasía a la hora de la más absoluta entrega por parte del ser humano (más de la mitad de la población abraza todo tipo de fantasías), todo ilusión y sentimiento, cuando la realidad suele ser mucho menos poética, ilusionante, generosa y dispuesta a llevarnos a la vida eterna.
La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque destruye los cerebros (Noam Chomsky).
A propósito de lo expuesto, el famoso lingüista elaboró el siguiente decálogo sobre “Estrategias de manipulación” a través de los medios:
La estrategia de la distracción. Desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. Es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.
Crear problemas y después ofrecer soluciones. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. La masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Magnificar una falsa igualdad en la que todos tienen derecho a todo aun cuando no entiendan nada de nada.
9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él es culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
!Oh, la manipulación…!