Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Mexan por nós e hai que dicir que chove

“En el año 1880 era Alcalde de la ciudad el Excmo. Sr. D. Manuel Bárcena y Franco, primer Conde de Torre-Cedeira, prócer honrado y cabal, poseedor además de una vasta ilustración con la que vivía incorporado a las avanzadas de la civilización de su siglo. De su perenne contacto con ésta, nació en su mente y en su corazón la idea y el deseo de ofrendar a Vigo algo que patentizaba su comunión con el progreso de su tiempo.
Nacida la idea, formose el propósito firme de realizarla y a tal fin, en 15 de enero del citado año, hallándose en la Presidencia de la sesión que el Ayuntamiento celebraba aquel día, el Excmo. Sr. Alcalde expuso que, con objeto de proporcionar a las clases poco acomodadas medios de adquirir hábitos de economía y recursos con que atender a sus urgencias y necesidades, se proponía estudiar la necesidad de establecer en esta población una Caja de Ahorros, siempre que la acogiese bajo su patronato y garantía el Excmo. Ayuntamiento, cuyo Depositario podría dirigirla en un principio.”
Así glosaban las crónicas de entonces el nacimiento de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Vigo, con un capital inicial de 5.000 ptas. donadas por el propio alcalde, así como un préstamo de 20.000 ptas. y la ocupación de un local, para el inicio de sus actividades. !Aquello eran alcaldes!.
En 1924, la Caja se hace cargo de la liquidación del Banco de Vigo y pasa su sede al nº 15 de la calle Marqués de Valladares.
Terminada la guerra, en 1940 adquiere el solar de la que habría de ser su sede hasta su desaparición, en la confluencia de las calles Colón y García Barbón.
En el año de 1965, Julio Fernández Gayoso, que de la mano de Rafael Portanet, de quien era contable, había entrado en la Caja en 1948, pasa a ser nombrado Director General, cargo al que se aferraría hasta el final de la Caja viguesa.
Ya en 1989 pasa a llamarse Caja de Ahorros Municipal de Vigo, para en 2000 ser la Caixa de Aforros de Vigo, Orense e Pontevedra (Caixanova), al fusionarse con las cajas provinciales de Orense y Pontevedra.
En 2010, los acontecimientos de desmoronamiento se suceden a un ritmo que ni siquiera son capaces de soportar los múltiples cambios de sus rotulaciones, integrando al banco Gallego, se fusiona con CaixaGalicia, la caja del norte, ambas en lamentable situación económica, aunque peor la coruñesa, para pasar a llamarse NovaCaixaGalicia, de manera que un año después, en 2011 y por imposición del Banco de España, vuelve a cambiar su nombre por el de NCG Banco (NoCaGa Banco, para las malas lenguas), de ahí, a NCG Banco S.A., para una vez habiendo fallado la captación de socios que aseguraban tener en cartera los nuevos gerentes, ser nacionalizada a través del FROB, quien toma el control pasando a disponer del 90,57%, el 2,59% inversores privados y el 6,84% adjudicado a la llamada “obra social”. En diciembre de 2012 el FROB se hace cargo del 100% tras haber invertido ya un total de 7.890 millones de euros, pasando la obra social a denominarse “A Fundación”. A mediados de 2013 entra el Fondo de Garantía de Depósitos, quien aporta 801 millones, de manera que el “accionariado” queda compuesto por un 63,00% el FROB, un 25,57% el FGD, un 9,00% inversores privados y 2,48% el propio banco en autocartera. No pasa ni medio año y en noviembre se abre subasta para la adquisición del banco, de manera que justo un mes después es adquirida por el Banco Etchevarría, filial de la venezolana Banesco, quien la adquiere por 1.003 millones, con todo su patrimonio inmobiliario y cultural, valorado en muchísimo más que la cantidad pagada por todo el “paquete”, tras haber puesto los españoles con nuestros impuestos, entre el FROB y el FGD cerca de los 10.000 millones de euros, como incluso recientemente se ha publicado. Así finalmente, el 1 de diciembre de 2014, nuestra antigua Caja, pasa a llamarse Abanca Corporación Bancaria S.A. (Abanca), como filial de Banesco, un Banco venezolano, al que como tanto gallegos en el recuerdo, han acabado emigrando nuestros ahorros y con ello dejándonos huérfanos de un proyecto puramente vigués, que tanto patrimonio ha generado en esta ciudad, y del que hoy, de su destino y de su futuro, tan poco sabemos los propios vigueses.
Evidentemente son innumerables las preguntas que cabe hacerse ante toda esta “desfeita”, pero hoy se me ocurren, por no eternizarnos en el asunto, tres de ellas que me parecen fundamentales y sobre las que nadie parece interesarse en Vigo: ¿Cuando perdió la Caja su condición de pertenecer al ayuntamiento de Vigo y como posteriormente, de “no ser de nadie”, pasó a manos de un grupo venezolano por cuatro duros?, ¿Que va a ser del inmenso patrimonio cultural que atesoraban ambas cajas, del que todos disfrutamos y cuyo valor multiplicaba por varios enteros lo desembolsado por la banca venezolana? y ¿Que ha hecho nuestro ayuntamiento para evitar esta deriva, que a mi, particularmente, me parece el timo de la estampita?.
A la primera y tercera pregunta he de responder que, tras intentar documentarme sobre el particular, me ha sido imposible encontrar el salto que supuestamente tuvo que darse, y en que momento y condiciones, de pasar de la propiedad municipal a “no ser de nadie”, ya que a diferencia de lo público que a todos pertenece, aun cuando una ministra socialista lo ignoraba, las cajas en España no eran de todos, sino que al parecer se habían convertido en una figura rara, mangoneada por sus consejos de administración, en los que predominaban los políticos que regularmente hacían de su capa un sayo salvo en Galicia, donde los que realmente mandaban eran los dos caciques que las dirigían a su antojo, a los que todos se sometían (D. Julio en el sur y D. José Luis en el norte) en interés de lo “suyo”, bien fueran políticos o empresarios.
Por otra parte, las cajas, de inicio, eran una figura económica muy bien diseñada, pues consistían en captar el ahorro de una zona determinada para canalizarlo hacia la inversión en esa zona para el desarrollo de la misma, potenciando la industria y el comercio local, de manera que sus beneficios fueran además invertidos en obra social y cultural, algo que, de mantenerse en su concepción original, posiblemente hoy perdurarían de forma harto saneada.
En el momento en el que las cajas pasan a operar como cualquier otro banco, abriéndose a otros limites de actuación, a otros campos y con otras competencias, los bancos finalmente acaban devorándolas, pues aunque operaban en mejores condiciones, al no tener un accionario ante quien responder, entregándose a las veleidades de políticos o caciques, finalmente acaban desapareciendo cuando lo tenían todo para triunfar.
Como hemos expuesto resulta más sencillo conocer el momento en el que, de “no ser de nadie” pasa a ser de todos, cuando es nacionalizada a través de las inversiones del FROB y posteriormente del FGD. Lo que resulta indignante es la privatización y la forma de llevarla a cabo. Si Abanca ha puesto algo más de mil millones y ahora les va a las mil maravillas, cuando los españoles habíamos puesto ya cerca de 10.000 para recuperar solo el 10% (lo pagado por Abanca), con haber puesto la misma cantidad que puso Abanca, hoy el banco sería de todos, podríamos seguir alimentando la obra social y sobre todo no habríamos perdido el inmenso patrimonio social, cultural e inmobiliario. ¿Quienes han sido los salvajes, los sinverguenzas y los corruptos que han propiciado todo esto?, ¿Donde está ese personajillo que desde la alcaldía no sabe hacer otra cosa que enfrentar a la ciudad con todo el mundo, pensar que con cuatro aceras un dinoseto Vigo va a eclipsar a Nueva York, no gestionar absolutamente nada de nada nunca, mentir como un cosaco permanentemente, engañar a los vigueses por sistema, corromper todas sus instituciones y sacrificarlo todo a su incontinente ambición política desmedida?. ¿La defensa de la caja viguesa consistió en sacar a la calle al permanente montón de ingenuos o tontos útiles que nunca se enteran de nada, para que le amparasen en su permanente lucha particular con el presidente de la Xunta (entidad que invierte en Vigo bastante más que el propio ayuntamiento) y en defensa del D. Julio que ahora está en la cárcel, de su exaltación del más rancio y cateto localismo y nada más?
Finalmente y en cuanto a la llamada obra social, el asunto alcanza dimensiones de máxima indignación, pues el patrimonio que atesoraban ambas cajas, sobre todo la de Vigo, era asombroso, por lo que voy a hacer una pequeña reseña sobre lo más significativo.
En patrimonio inmobiliario:
Centro social de Vigo
Centro social de Pontevedra
Centro social de Orense
Centro social de La Coruña
Centro social de Santiago
Sede Institucional de Vigo
Sede Institucional de La Coruña
Sede Institucional del Ferrol
Sede Institucional de Santiago
Sede Institucional de Orense
Sede Institucional de Pontevedra
Sede Institucional de Madrid
Centro Cultural de Vigo
Centro Cultural de Santiago
Centro Cultural de La Coruña
Pazo de San Roque en Vigo
Escuela de negocios en Vigo
Centro de formación profesional de Vigo
Centro de formación profesional de Lugo
Centro de formación profesional de Orense
Centro enoturístico, Bodegas Calem en Oporto
Centro de atención y acogida de inmigrantes de Vigo
Centro de atención y acogida de inmigrantes de Orense
Centro de exposiciones en Orense
Café Moderno en Pontevedra
Teatro García Barbón en Vigo
Auditorio en La Coruña
Cine Fraga en Vigo
He dejado el conocido Cine Fraga al final, puesto que la reforma que en él se estaba llevando a cabo se paró en el momento en el que comenzó la “desfeita”, de manera que desde entonces nada se ha hecho sobre el particular, lo que indica muy a las claras que la ventaja que para nuestras ciudades significaba la presencia de las cajas en cuanto a obra social y cultural en materia de inversiones, se ha finalizado definitivamente.
A esta treintena de grandes edificios (faltan bastantes que no se me acaban de ocurrir), perfectamente acondicionados y conservados, hay que sumarle toda una serie de pequeños edificios dedicados a usos de menor intensidad, así como toda la ingente cantidad de sucursales de ambas cajas por toda Galicia, muchas de ellas en propiedad, un capital incluso superior a los cerca de 10.000 millones que hemos aportado todos con nuestros impuestos.
Si nos centramos ahora en la obra cultural, pictórica y escultórica en general, el asunto todavía alcanza mayores cotas de indignación, ya que lo inmobiliario está a la vista para ser juzgado, pero de lo que nos ocupa muy poco sabemos de su destino, aunque hay que convenir que con la antigua Caixanova tampoco sabíamos demasiado sobre la totalidad de las obras con las que contaba la Caja, salvo las mostradas en algunas exposiciones al respecto, ya que trás la publicación del libro “A arte galega na colección caixanova”, del que dispongo de un ejemplar, mi interés por conocer el paradero de gran parte de la pintura que allí se contiene, sigue absolutamente vivo.
Lo cierto es que la Xunta tramitó como Bien de Interés Cultural (BIC de 8 de octubre de 2015) el patrimonio con el que, en este sentido, contaban ambas cajas, un patrimonio que dispone de más de 5.000 muestras de las que no he conseguido conocer su ubicación pormenorizada, pues entrando en la página informativa sobre “A Fundación”, se puede leer lo siguiente: “La Fundación Galicia Obra Social, es una institución privada y sin ánimo de lucro que, a través de la profesionalidad y la ética, se construye en base a la demanda emergente de una sociedad en evolución. Abanca es nuestro mecenas tras la firma en 2015 de un convenio por el que se comprometió a una aportación anual de cinco millones de euros hasta 2019. Transcurrido este periodo destinará el 3% de sus beneficios netos, con un mínimo garantizado de cinco millones de euros, para los siguientes 25 años.”
En la misma página se hace referencia a un código ético diciendo: “contamos con un código ético para clarificar nuestra voluntad de trabajo transparente cara a dentro y fuera de la entidad, que aporte sus valores y un compromiso moral con lo que hacemos y con lo que somos, una obra social en beneficio de la sociedad gallega”.
Al final, hasta vamos a tener que estar agradecidísimos a la banca venezolana que por un 10% de lo que hemos puesto todos nosotros con nuestros impuestos, se ha llevado un patrimonio descomunal, al que dedica 5 millones de euros anuales, con los que es imposible que termine nunca nuestro querido cine Fraga y que no creo que les dé para mucho más allá que para un mal mantenimiento de todo su inmenso patrimonio inmobiliario.
Pasar de unas cajas que invertían el 100% de todos sus beneficios en obra social para todos los gallegos, a un banco privado extranjero, que solo le destina un 3% y ello a través de una Fundación que “a través de la profesionalidad y la ética, se construye en base a una demanda emergente de una sociedad en evolución….”, tiene tela, sobre todo el enterarnos que la demanda en obra social es para nosotros una !!!demanda emergente!!! cuando nuestra caja lo hacía desde su propia fundación, y todo ello, ahora, eso si, con la ética por delante.
Pero, que más da… a nosotros lo que realmente nos motiva es lo del dinoseto.
Mexan por nós e hai que dicir que chove.

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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