Esta semana estoy de vacaciones. Voy a dejar publicado
cada día en el blog
uno de los seis capítulos
de este relato corto
que hice con motivo
de la muerte de Miguel Ángel Blanco.
El Tercer Maletín
Capítulo 1
Iñaki pulsaba con verdadera fruición las teclas del ordenador comprado un año antes. Con el ratón, apuntaba su flecha hacia el icono que pinchar y con el que podía meterse en Internet. Su netscape era lo mejor del momento para el acceso a la red, uno de los softwares más utilizados para conectarse con el ordenador.
Tenía prisa, mucha prisa. Se apresuraba, pues le había salido el trabajo de su vida. Con el dinero que ganaría, podría jubilarse y vivir como un pachá para toda su existencia. Colocada esta palabra árabe detrás de su nombre, al igual que ‘el general Osmán pachá’, él sería ‘el teniente Iñaki pachá’. Éso pensaba , y podía ser cierto pues, ¡Con tantos millones! ¡Ojalá que lo consiguiera!
Estaba abonado a Internet a través de un servidor que, a pesar de la propaganda, iba muy lento. Además, su ordenador se había quedado anticuado en tan poco tiempo que también le ralentizaba el trabajo.
Una vez dentro de la red, buscó a través de su código de usuario, la página dónde venía el resumen de las empresas comerciales tanto del país como extranjeras… “El apartado de…, en ‘organismos de defensa’…, dentro de ‘extranjero’…”, se decía en voz baja el cada vez más agitado Iñaki.
Con el navegador que tenía para la red de redes tenía que buscar, en esta ocasión, aquella página web, el escaparate utilizado por la empresa de la que ahora necesitaba sus referencias y precios con urgencia, y que ponía: http://www.afrik.com/argel/army.org/.
Era la dirección web que mostraba el catálogo electrónico de armas de unos vendedores argelinos a través de Internet. Un amigo de siempre, perteneciente a su grupo de relación, le dejó esta dirección, sacada de no se sabía qué correo electrónico de hacía unos años, por si la necesitaba. Y tenía que darse prisa para encontrarla pronto y abrir la tienda de los moros.
Su gran experiencia como internauta, por una insatisfecha afición en la búsqueda de otras páginas electrónicas, como las de bricolage de ciencia y armamento, donde venían suficientes fórmulas para montar cualquier bomba, cóctel o cualquier tipo de cartucho, adaptadas a distintas escopetas de caza y otras que no lo eran, le hacía comprobar lo lenta que iba el tráfico electrónico en aquel momento del día, en el que tanta necesidad tenía de una conexión urgente.
Se estaba poniéndo muy nervioso. Los ciberagentes de la policía, muy formados con cursos en técnicas informáticas avanzadas, se estaban convirtiendo en verdaderos hackers —los piratas emergentes del ciberespacio y de las redes informáticas—, intentando traspasar las barreras de protección digital utilizadas por los cibernautas —firewall— para poder cazar todo el contrabando cibernético.
Ésto era peligroso para nuestro navegante que ahora intentaba comprar con su ordenata. Las barreras cortafuegos eran el medio con que se protegían todos los comerciantes de Internet que trabajaban al margen del comercio normal…
Seguirá mañana…
en el capítulo 2
