Tiembla al contemplar
la barba naranja
de los darkauas
recitando los 99
atributos de Dios.
Tiembla al imaginar
cómo degüellan un animal
para pedir la desgracia
a algún enemigo.
Tiembla temiendo
que seas tú.
Tiembla de frío
al sumergirte desnudo
en el río Ghrifa,
donde dicen
que te colocas
con solo bañarte.
Tiembla perdiéndote
en las callejuelas
de la Medina,
con las casas chorreando
sangre de cordero.
Tiembla recibiendo
el aire perfumado
con cuerno quemado.
Tiembla, si quieres.
Pero, así,
no verás.
