La primera pregunta sobre el embrollo de las Cajas debe ser: ¿a quién benefician estas entidades financieras?
Mi respuesta, cínica, lo sé, resulta bien sencilla: a la clase política. Han leído bien: no a los ciudadanos, ni siquiera a los impositores, menos aun a eso tan abstracto denominado la región; sino a los políticos.
¿A quiénes prestan por la cara un millón de euros para comprar acciones de una importante empresa de infraestructuras y convertirse así en el segundo inversor privado de la misma con grandes plusvalías? Ni a usted ni a mí, pero sí al presidente de alguna Caja, nombrado, claro, por los partidos políticos.
¿A quién le perdonan el pago de préstamos impagados? Ni a usted ni a mí, pero sí a los dichosos partidos.
¿Quiénes han acumulado la secretaría provincial de un partido, el puesto de diputado y el de consejero de alguna Caja? Ni usted ni yo, pero sí algún afortunado político.
Llegamos a las fusiones o confusiones. ¿Son necesarias? Por supuesto —las fusiones, no las confusiones actuales— ya que las Cajas han reducido su margen de intermediación, padecen más morosidad, están cargadas de inmuebles y solares sobrevalorados y se ha encarecido su refinanciación.
De haberse unido antes, habrían diversificado riesgos y tendrían hoy más músculo financiero con el que afrontar la crisis. Y, puestos a hacerlo, tanto el Banco de España como los expertos recomiendan que la unión sea interregional: así se aprovecharían sinergias, se evitarían duplicidades… y, sobre todo, se sortearía el uso y abuso político de los respectivos Gobiernos autonómicos.
Paradójicamente, en un Estado donde ya no existe un banco central —éste se halla en Bruselas— los diferentes Gobiernos de taifas ansían tener taburetes regionales donde asentar sus posaderas. Como evidencia, ya han puesto a un ex presidente autonómico al frente de Bancaja, quisieron hacer lo propio en la BBK y pueden pretender lo mismo tras la fusión de Caja Duero y Caja España. ¿Que no? Pues aún nos queda por ver mucha con-fusión antes de que acabe este tortuoso serial por entregas.
Habrá que volver necesariamente sobre él.
