Ya no doy abasto contabilizando los mendigos que a diario encuentro en mi barrio, al norte de la Izquierda del Ensanche barcelonés. He optado por dar mis pequeñas aportaciones a algunos de ellos y no salirme de la rutina. Reconocerles la antigüedad. Y agradecerles tácitamente que nos recuerden el engendro de sociedad que hemos construido (o permitido) entre todos.
Simpatizo con el mendigo decano del barrio: toca un aparato de música con manivela frente al kiosco de Rosellón/Rocafort, junto a los Jardines.
(Esta mañana llovía y frente a panadería de la esquina Entenza/Rosellón un mendigo medio estirado en la acera se mojaba; de repente un transeúnte le endosa gentilmente un paraguas desplegado; mis ojos captaron el momento).