Estuve hace unos días de nuevo en Santpedor, el pueblo natal de Pep Guardiola. Excelente el menú a 10 euros de la cafetería «El Timbaler».
Me pasé una hora en la plaza del pueblo, en el casco antiguo, donde Pep vivió de niño y le echaba patadas al balón. Algunos vecinos se acercaban a hablarme ante mi embeleso, solo y silente en el banco ante la antigua casa de los Guardiola. Todos coinciden en la pasión que sentía Pep por el balón.
-Iba a la escuela dándole toques. Seguro que se iba a dormir a la cama con la pelota-me apunta el señor Grima, admirado vecino de Pep.
-No paraba de chutar-me espeta desde el balón el viejecito padre de Pilar, la vecina y compañera de juegos de Pep.
Esa plaza -actualmente llamada de la Generalitat- tiene unas vibraciones muy especiales. Debiera formar parte del patrimonio cultural del país.