Es lugar común en los últimos tiempo minusvalorar la obra de Pep Guardiola en el FC Barcelona. Se aduce que Tito Vilanova va en la senda de conseguir logros parejos. Que su sucesor provisional, Jordi Roura, mantiene el listón porque la clave son los jugadorses y Messi muy especialmente.
Estoy de acuerdo en la gran valía del plantel azulgrana. No, en cambio, en dar por sentado que los mimbres componen el cesto de manera automática. La encomiable labor de Pep cuando le confiaron el primer equipo es precisamente -con la ayuda de Tito, por él escogido- el cimiento de cuanto ha venido después.
Pep Guardiola supo aunar el legado de Cruyff y de Rijkaard y sus predecesores con su propio talento y los grandes recursos de la entidad. Querer restarle mérito es injusto. Hay que ponderar debidamente todos los factores. Y el del sabio liderazgo que ejerció Pep es principalísimo.
¿Por qué esta voluntad de rebajar los méritos de quien los mostró sobradamente? Hay algo de malsano en ello. Algo que no nos honra como colectivo.
Así yo lo veo.