Con esa rara perfección tan suya la Orquesta Filarmónica de Viena nos saluda con motivo del Año Nuevo 2013.
Al placer de la música, la formidable puesta en escena y el bello documental turístico que entra en el paquete, se une en mi caso la reciente estancia de este verano en Viena. La gran proximidad que eso crea. La pulcritud marca de aquel país que conjuga rigor germánico con la joie de vivre que se nos atribye a los vecinos sureños del patio europeo.
Mi difunta abuela, Núria Puigdevall i Bosch, quería ser bailarina, sueño imposible de niñez mientras despachaba en una carbonería. De ahí que de mayor nunca se perdiese la transmisión televisiva del Festival. Es todo un hito, que también seguía su esposo, mi melómano abuelo Feliciano Galán Benavente, también difunto.
El concierto de Viena nos recuerda una vez más que un nuevo año ha llegado y que -como decía el poeta- «todo es posible, todo está por hacer».
Feliz Año Nuevo a mis lectores blogueros.
(Tal día como hoy hace seis años inicié este blog; textola presente es mi inserción número 1942. De ello se infiere que escribo del orden de 325 textos al año).