Recuerdo la anécdota del taxista latinoamericano que grita contra la corrupción del nuevo presidente del país y elogia al anterior gobernante. El pasajero, buen conocedor del país, le espeta:
-¿Pero si el anterior presidente también robaba?
Contesta el taxista tras una pausa:
-Sí, pero robaba poco.
Tal anécdota me viene en mientes al leer el artículo del economista Xavier Sala i Martín en La Vanguardia del 2-1-13 en que recoge la sugestiva tesis del economista Dan Ariely en The (Honest) Truth about Dishonesty: los humanos nos movemos entre la pulsión de ser honestos, lo que nos aporta autoestima, y no serlo, lo que nos reporta beneficios y no pasar por tontos. El punto óptimo parece ser la honestidad con pequeños contrapuntos de deshonestidad racionalmente justificables o redimibles.