Sucedió a comienzos de diciembre. Pero no quiero que acabe el año sin que quede la incidencia reflejada. La molestia llegó de manera inopinada, en el costado derecho. No le di importancia y acudí igualmente a mi sesión regular de natación. Pero no mejoré. Todo lo contrario: la molestia se extendió y me tuvo cinco días sin práctica deportiva.
Llegué a pensar que era un problema de riñón. Pero creí recordar un antecedente que me enseñó en su momento lo contrario: un mal gesto en el costado (quizá debido a un estiramiento excesivo en una sesión de yoga). Luego la molestia se extiende y provoca un caminar desequilibrado que repercute en el extremo opuesto del cuerpo. En resumen: una pieza del engranaje al conjunto.
Fue con descanso y paciencia que al quinto día -ya recuperado- volvía yo a la práctica deportiva. No había sido nada pero me llamó la atención lo desequilibrante que puede ser una pequeña molestia en un punto del cuerpo donde se juntan y articulan otras muchas cosas.
Acontece lo mismo en las máquinas o en las organizaciones: cómo el mal funcionamiento de una pieza repercute en el conjunto, empeora al resto y convierte en problema lo que comenzó como pequeño desajuste.