
Si ya resulta un ejercicio sangrante echar un vistazo a la portada de un periódico, aún es mucho peor lo que los ciudadanos no vemos. Esto está ocurriendo ahora mismo en la Puerta del Sol de Madrid. Yo, de carne mortal, no alcanzo a escrutar la escena con mi mirada, pero me susurra al oído lo que pasa en este mismo instante un torero muerto. El maestro me describe así la escena:
“Hay una decena de politicastros corruptos y traidores. Los hay de casi todos los partidos políticos. Todos ellos son gordos y sudan colonia cara. Para disimular el tufo, se encienden largos habanos con billetes de cincuenta. Se están descojonando mientras observan el gesto crispado de la gente que pasea por la calle y no les ve, pues ellos se vuelven invisibles en estas quedadas. Ahora, ahora mismo, se postra ante ellos una chica joven pero ya ajada. Es una puta y se llama España. Ahora, ahora mismo, todos se sacan la chorra y mean sobre el cuerpo desnudo de la nación vejada. El descojone estalla hasta el punto de que un perro, que sí tiene capacidad para ver lo invisible, comienza a ladrar furioso. El líder de los politicastros le arrea una patada en toda la cabeza. Lo ha matado. Todos mean sobre la sangre que mana de su cabeza. Las carcajadas revientan toda dignidad”.
Vomitando, ruego al torero muerto que cese su relato. Grito a la nada un “¡viva España con honra!” y huyo despavorido hasta un bar cercano. Me pido un cubata doble. ¡Pero qué hijos de perra!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
