La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

El maldito Primer Mundo ha tocado fondo

No quiero incidir en el pesimismo generalizado, pero ha habido una noticia que ha sobrepasado mi capacidad de aceptación de la realidad. Todos nos sobrecogimos hace unos días con el naufragio en las costas de Lampedusa de una embarcación con más de 500 personas provenientes de distintos rincones del Mediterráneo que querían entrar en Italia. Dejaron atrás sus hogares y sus familias y buscaron una oportunidad para tener una vida mejor, pero les fue la vida en ello. La gran mayoría murió. Una “vergüenza”, como ha clamado el Papa Francisco, a la que se ha unido el saber que tres barcos que pasaban por allí se negaron a socorrer a las víctimas. Por miedo a “saltarse la ley”.

Parecía insuperable, pero la miseria de estos hechos ha ido un paso más allá hoy, cuando se ha conocido que las autoridades italianas han concedido honoríficamente la nacionalidad de su país a quienes murieron en aquella embarcación… a la vez que ha denunciado a los supervivientes, que habrían de pagar una indemnización y seguramente serán expulsados. En definitiva, como explica la gran información de Pablo Ordaz en ‘El País’, “solo los muertos pueden quedarse”. ¿Cabe mayor grado de mezquindad, de dictadura de los eufemismos, de manipulación en masa? ¿Ciertos politicastros piensan que los ciudadanos somos, simple y llanamente, imbéciles?

Aborrezco el término “Primer Mundo” con el que se conoce al ámbito occidental. ¿“Desarrollo” es apariencia de democracia integral, donde una serie de poderes están al mando de ciertas oligarquías elitistas, cuyos intereses, cada vez menos disfrazados, machacan al común de quienes conformamos la sociedad? Gracias a mi trabajo como periodista, he podido profundizar en el conocimiento de lo que viene a ser llamado “Tercer Mundo”. En Haití, en lo que ha sido mi gran experiencia vital, comprobé con mis propios ojos que sociedades “en vías de desarrollo” son oprimidas por ese Primer Mundo que les otorga algunas migajas para amodorrar la conciencia de sus pueblos. Sin embargo, en estos países es donde anida un verdadero sentimiento de comunidad, donde la gente se coordina entre sí para buscar salir adelante. Allí, además, los ciudadanos valoran otras cosas que aquí pasan desapercibidas. Allí hay tejido social, vitalista aunque sin salida. Sé que no invento la pólvora diciendo esto, pero no todos en este Primer Mundo han tenido la oportunidad de comprobarlo in situ. Por eso afirmo que esto no es palabrería, sino algo auténtico.

Las sociedades, en el Tercer Mundo, pueden padecer a dictadorzuelos corruptos y a medios cómplices que les enmascaran la realidad y hasta les hacen soñar con un Primer Mundo al que ven como un paraíso en la tierra. Pero, pase lo que pase, ellos están en el lado de los justos. Son víctimas de un modelo tuerto y cojo. Pero la Historia, como siempre, juzgará cada época. Y la conclusión de la que vivimos hoy será que el llamado Primer Mundo se ahogó en su pura soberbia, en su reino de la injusticia, en su tiranía de la falsedad.

PD. Sé que algunos me tacharán de hipócrita y demagogo, pues yo vivo tranquilamente en este Primer Mundo. Y sí, por ahora no paso calamidades. Puede ser, pero al menos no me trago las informaciones tergiversadas de ciertos medios que, al dictado del poder vendido a las oligarquías, se escandalizan por Lampedusa a la vez que hablan de “asaltos” en Ceuta y Melilla. ¿Quiénes nos asaltan? ¿Los bárbaros? ¡Pero si los bárbaros somos nosotros!

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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