La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

UPyD o la alternativa con hechos

Ha llegado un punto de mi vida en el que creo mucho más en las ideas y en las personas que en las ideologías. Me apasiona la política, pero entendida como un instrumento para mejorar la vida de los ciudadanos. Lo demás, los intereses partidistas y encuadrados en una ideología, sencillamente, me resbalan. Por ello, y mucho más ante el panorama actual, en el que esos intereses bastardos han arruinado el país en el que vivo, ya solo me merecen confianza las fuerzas políticas de las que pueda comprobar con hechos que, ante todo, buscan ser útiles para la sociedad. Por lo visto en estos seis años de vida, UPyD me merece esa confianza.

Del partido magenta, que acaba de celebrar este fin de semana su segundo congreso nacional, no se puede negar su afán constructivo. Y no hablo de ideologías, sino de hechos. ¿Acaso ha entrado en algún gobierno nacional, autonómico o local? ¿Ha puesto un precio de poder a un apoyo necesario para conformar la mayoría requerida para un ejecutivo? El ejemplo claro lo acabamos de tener en Asturias. Para permitir que llegara a la presidencia del Principado el PSOE, UPyD no exigió a cambio ninguna consejería, sino un acuerdo de fondo: que el nuevo Gobierno apoyara un cambio en la ley electoral regional, para que el voto de los ciudadanos valga lo mismo independientemente de donde se deposite (lo mismo que reclama en el conjunto de España). Una vez que los socialistas han votado en contra de esta medida en el parlamento autonómico, los de Nacho Prendes han respondido que no cuenten más con ellos. Así de fácil.

Gustará o no, pero el partido de Rosa Díez va de frente. Ante todo, defiende la igualdad de cada uno de los españoles en todos los sentidos. En el educativo y en el sanitario, reclamando que ambos servicios básicos estén en manos del Estado; en el jurídico, exigiendo una Justicia independiente del juego político; en el fiscal, denunciando que los cupos, los consorcios y pactos de exención son un anacronismo inequitativo (lo que no le hace ganarse especiales afectos de muchos en Navarra, el País Vasco o Cataluña); en el económico, fustigando sin descanso los conchaveos entre banca, instituciones dependientes de lo público y políticos (la querella a Bankia fue obra suya y la negativa a entrar en cualquier consejo de administración de una caja de ahorros también lleva su sello); en el religioso, argumentando que la separación entre Iglesia y Estado ha de ser total.

Entiendo la desesperanza de una mayoría social, harta de las corruptelas de los partidos políticos. Pero no quiero caer en la trampa de aceptar que todos son iguales. Hasta el momento, UPyD ha demostrado ser una fuerza distinta. No ha “tocado pelo” en ninguna estructura de poder por expreso deseo de hacerlo únicamente cuando vaya a construir a favor de la ciudadanía. Y, lo mejor, esa apuesta expresa por no aceptar privilegios la ha evidenciado en su propia concepción como partido. En este segundo congreso nacional, que acaban de clausurar, todo militante ha podido optar a cualquier cargo interno. Se diga lo que se diga, ¿dónde se da ese nivel de democracia interna?

Cuando lo demás me lo demuestren con hechos, también confiaré en ellos. Y ya entonces volvería a entrar en juego la ideología.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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