
Definitivamente, no entiendo a este país. Hace diez días murieron ahogadas en Ceuta 15 personas que, desesperadas, se arrojaron al mar para intentar alcanzar nuestro territorio nacional. Frente a lo que se dijo por parte del director de la Guardia Civil, el delegado del Gobierno en Melilla y el ministerio de Interior, sí llegaron algunos de los inmigrantes a nuestra costa, sí fueron devueltos a Marruecos, sí se emplearon pelotas de goma y sí se dispararon estas al mar, mientras, prácticamente asfixiadas, decenas de esas personas trataban de salvar su vida. Una semana después de los hechos, el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, compareció en el Senado para admitir extremos que hasta ese momento se habían negado. Y, asombrosamente, no dimitió al segundo siguiente. Ni él ni nadie.
Pero lo peor es que no hay un clamor social que le fuerce a una salida del cargo como sí se ha dado con otros políticos y en otras situaciones. ¿Acaso son poco importantes estas 15 vidas? ¿Por qué, porque nacieron en el Subsahara y provienen del continente que los europeos colonizamos y rapiñamos hasta dejarlo en la más absoluta pobreza? ¿Qué habría pasado si se hubiera tratado de 15 ingleses, franceses, norteamericanos o australianos que hubieran muerto en un accidente en la costa levantina y, pese a todo, el ministro competente hubiera dado una versión oficial distinta a la real? Habría dimitido ipso facto y todo el mundo lo vería como lo más lógico y necesario. En cambio, aquí hablamos de 15 personas ahogadas mientras se veían acosadas por las pelotas que nuestras fuerzas de seguridad lanzaban al mar, allí donde varios de ellos estaban agonizando. ¿Y no pasa nada? ¿Nos conformamos con que se diga que “no se tiraba a dar”?
¿Y tenemos que aguantar tranquilamente que haya medios de comunicación serviles hasta la náusea con el poder que alaban la comparecencia del ministro? ¿Un señor que dio una versión distinta a la ofrecida hasta entonces, obligado por la evidencia expuesta gráficamente por las asociaciones que apoyan a los inmigrantes? ¿De verdad estamos viendo esto? ¿En serio aquí no dimite nadie? ¿Nadie se responsabiliza de estas 15 muertes? ¿Hay medios que se atreven a salir al día siguiente tras ensalzar esta actuación política? ¿La sociedad, salvo contadas excepciones, calla sin más?

Hoy me avergüenza profundamente ser español. Solo me calma, en estas circunstancias, la acción valiente de las asociaciones que están con los inmigrantes subsaharianos, hoy tanto como lo estuvieron ayer y anteayer. Ningún partido de los que hoy vociferan me representan. Porque solo aprovechan una nueva oportunidad para hacer política y ninguno tiene una voz clara sobre este tema; ninguno hace autocrítica y empieza por la raíz: por pedir perdón por el colonialismo asesino. También me consuelan los medios independientes que sí han ofrecido toda la información y han hecho un seguimiento durante todos estos días, consultando todas las voces, incluidas las de los inmigrantes.
Finalmente, la voz de un pastor es la que me hace albergar alguna esperanza. Se trata de Santiago Agrelo, un franciscano gallego que se está dejando el alma como arzobispo de Tánger. La suya, junto con la del Papa Francisco, es la voz de Iglesia que más truena en esta frontera meridional del Mediterráneo. Porque solo él, con el corazón encogido, se atreve a decir cosas como estas: “Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza. (…) Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país. (…) Es inaceptable que haya fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra y no las haya para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas. (…) Es inaceptable que la política obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar. (…) Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los intereses económicos de un poder opresor”. Amén.
Qué pena que una voz así no se escuche a este otro lado del Estrecho. ¿Dónde están los líderes? ¿Hacia dónde vas, España, maldita España?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
