
Es realmente complicado entrar en cualquier debate si antes no se tiene claro de qué hablamos exactamente. Por bastantes cosas que escucho estos días (y que me alarman), me gustaría lanzar unas sencillas preguntas al vuelo sobre el horror que se está viviendo hoy en Gaza: ¿Hamas es Gaza? ¿Todos los árabes y palestinos son “terroristas musulmanes”? ¿Los cristianos palestinos son acaso “fundamentalistas islámicos”? ¿Uno es “responsable” de convertirse en un “daño colateral” si no ha querido secundar el aviso de que su casa puede ser bombardeada y, por tanto, ha de huir inmediatamente, perdiendo todo? ¿Netanyahu y sus halcones son Israel? ¿Quién vende armas a Israel? ¿Y a Hamas? ¿El sionismo es Israel? ¿A quién le interesa, ocultamente, que Israel y Palestina estén inmersos en una guerra sin fin?
A alguno pueden parecerle complicadas estas cuestiones. Pero, si lo piensa bien, verá que son tan fáciles de responder como estas: ¿ETA es Euskadi? ¿Las FARC y el ELN son Colombia? ¿Los Castro son Cuba? No, ¿verdad? Entonces, en su día, ¿alguien hubiera visto legítimo bombardear barrios vascos tras un atentado de ETA? ¿O machacar a quienes, en Colombia, ya tienen la desgracia de padecer el flagelo terrorista en su propia tierra? ¿O boicotear el comercio con toda Cuba a causa de sus dictadores, cuando no se hace lo mismo con otros sátrapas “socios” y “amigos” (es decir, títeres de los intereses económicos de las grandes potencias occidentales)?
Es cuestión de conceptos. Aclarémonos. Pero tengamos ante todo presente un concepto esencial: castíguese siempre al criminal, nunca al pueblo que lo sufre.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
