
Escribo esto desde una total libertad y por mi condición de ciudadano preocupado por su país y por su municipio. Resido en Arganda del Rey (Madrid). Aquí, este próximo miércoles, el Grupo Socialista va a presentar en el pleno municipal una moción para que el Ayuntamiento solicite formalmente a la Conferencia Episcopal que medie ante el Papa Francisco para que el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, sea destituido y reemplazado por otro titular. Y todo por una carta pública en la que el prelado, el 25 de septiembre, cargó duramente contra la mayoría de fuerzas políticas tras la decisión del Gobierno de desechar la reforma de la ley del aborto. Considero que es legítima toda crítica que Reig Pla pueda recibir, pero reclamar su cese, cuando hablamos de instituciones que no están en el mismo ámbito, supone un disparate sin precedentes. Como el gran error que es, pienso que ninguna otra fuerza municipal debería apoyar la moción.
Me dirijo directamente a los responsables de UPyD en Arganda. A día de hoy, mi confianza en la política reside ya únicamente en el partido fundado por Rosa Díez. Frente al triste hundimiento del bipartidismo (carcomido por sus visiones reduccionistas y sus golfadas) y la grave amenaza que veo en Podemos (un gran tsunami que preconiza la tabla rasa y la nada en la acción concreta), tengo esperanza en un partido que ante todo considero serio, aglutinador, abierto y constructivo. Por ello dirijo este humilde consejo a sus representantes en mi municipio: no entréis en el juego de un PSOE que, a su vez, ha caído presa del de Podemos.
¿Por qué los socialistas, como ya hicieran en Alcalá, reaniman ahora una polémica que tuvo lugar hace seis semanas? ¿Por qué utilizan el camino fácil y cargan contra un representante de la Iglesia? ¿Acaso no quiere el PSOE recuperar terreno desde la izquierda y movilizar a sus bases más desencantadas, cada vez más volcadas hacia el partido de Pablo Iglesias? ¿Y a qué recurre siempre el PSOE cuando desea encender los ánimos? ¿No basta con criticar las palabras del obispo y, desde el sano debate en el espacio público, rechazar aquello que se considere falso? ¿Es lógico reclamar lo que no se puede obtener? ¿Acaso alguien cree que el Papa va a cesar a un obispo por expresar su opinión sobre una cuestión esencial para la Iglesia, haya estado más o menos acertado en su tono? Y aún peor, ¿no daría miedo si así ocurriera finalmente? ¿Puede el poder político interferir en la vida ordinaria de la Iglesia? ¿Nos gustaría que ocurriera lo mismo pero exactamente al revés?
UPyD es un partido laico, no laicista. Como todos, puede expresar su opinión sobre cualquier acción en la que se vea comprometido todo representante de la Iglesia. En ese justo y constructivo comportamiento no entra el exigir que se callen bocas. Críticas, todas. Mordazas, ninguna. ¿Recuerdan aquello de “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”? Pues eso.
Ojalá UPyD no repita en Arganda el mismo error que ya cometió hace dos semanas en Alcalá. Si el PSOE quiere cegar a algunos con fuegos artificiales, adelante. Pero, a la larga, solo los que miran por todos y no incurren en la interferencia entre instituciones se ganan el respeto de la mayoría silenciosa. En este penoso juego no hay nada que ganar. Y sí mucho que perder.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
