
Alguno lo considerará superficial, pero yo preguntaría muy seriamente esto a los cientos de miles de independentistas y además aficionados del Barça que hoy están votando en la astracanada que la Generalitat, saltándose la ley (esto es, la democracia), está haciendo pasar por una consulta legítima: «¿Votarías ‘sí’ a la independencia en caso de tener la certeza absoluta de que ni tu equipo ni ninguno otro de Cataluña jugarían jamás en la Liga Española?».
Si todos estos ciudadanos tuvieran esta certeza en algo tan banal como una afición deportiva, dudarían. Y, estoy convencido, muchos acabarían mirando para otro lado y no apoyarían el proceso soberanista. Y es que la decisión correspondería a los españoles, pudiendo ya solo unos extranjeros solicitar algo que sería concedido o no. Valga este ejemplo que alguno considerará absurdo, pero que considero muy representativo: mucha gente que hoy vota entusiasta por la independencia, en el fondo, no quiere cambiar su estilo de vida. Y, ojo, este cambiaría para todos dentro de España, no solo en Cataluña.
Hemos sido un matrimonio durante cinco siglos. Con las lógicas y eventuales desavenencias, pero compartiendo una vida de unión en la que todos hemos crecido. Cataluña no sería en buena parte lo que es sin España. Y viceversa. La fractura social es ya grande. Pero, de confirmarse el divorcio, que nadie espere que no haya consecuencias.
Digan lo que digan los manipuladores interesados en hacernos creer esta mentira, no seríamos buenos vecinos. Al menos por las próximas décadas. Nos quieren dejar en plena crisis, cuando la vida de millones de personas sin protección pública depende de que seamos un Estado fuerte. Y encima pegando un portazo y sin dar las gracias.
Dejadnos si queréis, pero no pretendáis que no nos duela. A todos. ¿Y el Barça? Pues a abarrotar el Cam Nou cada domingo con el Granollers y el Girona. Y con Messi metiendo siete goles por partido. Apasionante.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
