
Pasión. Una es la principal: desear con todas las fuerzas seguir amarrado a la vida, escapando un día más de las garras de la parca. Porque morir es acabar la partida, ver caer el telón. Y, lo peor de todo, no es algo que eliges: la muerte te atrapa por un garrotazo traidor o por un ahogo denso y a cámara lenta.
A unas horas de ver finalizar un año más, como siempre en esta fecha, me estremezco: adiós a un dígito más de vida, abrazo a otro que puede ser, quién sabe, el final.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
