La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

La pica en Flandes del Ministerio del Tiempo

Si me preguntan por una serie actual que considere que haya marcado un hito de especial relevancia, podría enumerar distintas extranjeras que me apasionan: Homeland, Black Mirror, Juego de Tronos… Sin embargo, con toda la intención del mundo, voy a proponer una española emitida en TVE, la pública, la de todos. Hablo de una serie que ha seguido la senda que inauguraran los Alcántara con la emblemática Cuéntame cómo pasó y que han ahondado, en los últimos tiempos, Isabel (que será culminada, estoy seguro, con Carlos), Víctor Ros o Prim, el asesinato de la Calle del Turco. Hablo, claro, de El Ministerio del Tiempo. Es decir, pedagogía, creatividad y humor, mucho humor.

Con gusto y calidad a raudales, las otras series nos han regalado a los aficionados a la Historia la oportunidad de bucear en episodios esenciales para llegar a lo que hoy somos como país. Y, aún mejor, a los menos conocedores de nuestro devenir nacional les ha picado el gusanillo por conocer qué hicieron personajes como Cisneros, Serrano o Sagasta. Pero la novedad con El Ministerio del Tiempo es que permite jugar en un mismo espacio con todas las épocas. Así, de una semana a otra, los ministéricos podemos disfrutar con las andanzas de Lope de Vega, el Lazarillo de Tormes, Franco o Torquemada. Y no solo eso, sino que la Historia en sí queda a un lado para dar lugar a la ensoñación, imaginándonos cada cual cómo sería nuestro hoy si determinados hechos hubieran acontecido de otro modo. A lo Tarantino con Malditos Bastardos, siempre dan ganas de que, efectivamente (ojo, Spoiler), a Hitler le hubiera desfigurado la jeta un cargador de balas danzarinas, con todos los jerarcas del III Reich ardiendo en un teatro.

Aparte, si hay algo que me chifla de El Ministerio del Tiempo es la revolución que ha montado en las redes sociales su legión de seguidores. No solo es que los comunity managers de la serie sean unos cachondos, sino que ya han proliferado, entre usuarios anónimos, infinidad de cuentas de Twitter que simulan ser todos los personajes habidos y por haber. Si ya hay hasta antorchas, confesionarios o tampones que dicen “yo estuve ahí”. Un jodido y genial disparate que da lugar a conversaciones estrambóticas, tiernas y sublimes… Larga vida a las series de calidad que encima nos divierten y hacen pensar. Y más en la tele pública, la de todos. En estas cosas sí merece la pena gastar el dinero de todos. Nos hacen más inteligentes.

PD: Un último motivo para no perderse El Ministerio del Tiempo. Aura Garrido y Cayetana Guillén Cuervo, musas entre musas, están espectaculares.

PD2: Artículo publicado en Cuadrilátero 33, dentro del combate Abril, el mes de las series.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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